Creíamos haber visto todo en Ucrania, pero no: las tijeras de los soldados han mutado a algo parecido a un láser
Desde la Segunda Guerra Mundial, muchas de las innovaciones militares más decisivas no nacieron en laboratorios perfectos, sino en frentes donde los soldados improvisaban soluciones con lo que tenían a mano. El radar portátil, los drones comerciales adaptados o incluso el uso de cinta adhesiva en equipos militares surgieron así. En las guerras modernas, esa mezcla de inventiva improvisada y tecnología avanzada sigue apareciendo donde menos se espera.
En Ucrania, de hecho, son auténticos expertos en el tema.
La guerra de las tijeras. Lo contamos hace tiempo. Durante meses, el campo de batalla ucraniano ha mostrado escenas difíciles de imaginar en un conflicto del siglo XXI. Soldados equipados con drones, sensores y sistemas de guerra electrónica caminaban por trincheras con algo mucho más simple en el bolsillo: unas simples tijeras. La razón era inesperada, por supuesto.
Los drones de fibra óptica (controlados mediante un cable que se desenrolla durante el vuelo) empezaron a proliferar porque no pueden ser bloqueados por interferencias electrónicas. Para neutralizarlos, muchos soldados comenzaron a cortar cualquier cable que encontraran, sin importar de qué bando fuese. En algunos sectores del frente el suelo llegó a cubrirse de filamentos brillantes como telarañas, obligando a las unidades a llevar siempre tijeras o cuchillos para romper las conexiones de esos drones antes de que pudieran atacar.
La lógica extraña de la innovación en Kiev. Ese recurso improvisado resume una de las características más llamativas de esta guerra: que los sistemas extremadamente sofisticados suelen enfrentarse con soluciones sorprendentemente simples y austeras.
Así, drones de miles de dólares han sido derribados con escopetas, vehículos blindados protegidos con redes metálicas como si estuviéramos en el universo de George Miller, y posiciones defensivas cubiertas con mallas para confundir sensores. Incluso los propios drones, que hoy dominan el campo de batalla, empezaron como una respuesta barata a armas mucho más caras. En ese contexto, cortar el cable de control con unas tijeras (o llegado el caso, con las manos) se convirtió en una forma rudimentaria pero efectiva de neutralizar una de las últimas evoluciones de la guerra de drones.
Cuando las tijeras se quedan cortas. Sin embargo, la misma velocidad de adaptación que llevó a esos métodos improvisados está empujando ahora el conflicto hacia tecnologías mucho más avanzadas. Sí, en los últimos meses han empezado a circular vídeos y testimonios que sugieren que Ucrania podría estar experimentando con sistemas de energía dirigida para combatir drones.
De hecho, en una pieza visual ampliamente difundida se muestra cómo un cable de fibra óptica queda inutilizado tras ser alcanzado por una luz intensa, lo que ha desatado todo tipo de especulaciones sobre el uso de láseres en el campo de batalla. No existe confirmación oficial de que esos sistemas estén operativos, pero analistas militares señalan que Ucrania podría desplegar armas láser funcionales antes incluso que Estados Unidos gracias a su capacidad para probar tecnologías directamente en combate.
El salto tecnológico desconcertante. Si se quiere, la posibilidad de que drones controlados por cable, los mismos contra los que los soldados llevaban tijeras en el bolsillo, empiecen a enfrentarse a sistemas láser resume la velocidad casi absurda con la que evoluciona esta guerra.
Programas militares occidentales suelen tardar años en pasar del laboratorio al campo de batalla. En Ucrania y aunque parezca ciencia ficción, ese ciclo puede reducirse a meses debido a las urgencias. Ya ocurrió con los drones. El frente funciona como un gigantesco laboratorio donde cada innovación del enemigo genera una respuesta inmediata. Lo que hoy parece improvisación puede convertirse pasado mañana en tecnología avanzada desplegada a gran escala.
El misterio del “escáner alien”. Uno de los ejemplos más extraños del aparente avance ucraniano apareció en otro vídeo grabado por un dron ruso en emboscada. En las imágenes se ve algo así como una luz cuadrada que barre una carretera, como si escaneara el terreno, antes de que la señal del dron se corte repentinamente.
Algunos analistas de Forbes lo han interpretado como un láser capaz de cortar cables de fibra óptica. Sin embargo, un análisis más detallado sugiere, quizás, algo distinto. Es más plausible que se trate de un dron ucraniano equipado con un sistema de iluminación o escaneo que busca detectar cables brillando sobre el asfalto. Esos cables suelen delatar la presencia de drones emboscados cerca de las rutas de suministro.
El miedo que derribó al dron. La explicación final apunta a algo menos futurista, pero igualmente revelador. Al detectar la luz que barría la carretera, el operador ruso intentó despegar bruscamente su dron para escapar. El motor demandó demasiada energía de golpe y quemó el controlador electrónico que regula la velocidad del aparato. En la jerga de los pilotos, el operador “quemó el ESC”. El dron quedó inutilizado sin que ningún láser hubiera tocado su cable.
Con todo, el episodio muestra algo ciertamente importante: en un frente donde los soldados empezaron cortando cables con tijeras, la mera sospecha de que el enemigo pueda usar un láser ya basta para provocar pánico. Y eso dice mucho sobre la velocidad con la que la guerra en Ucrania está saltando de la improvisación a tecnologías que hace apenas unos años parecían pura ciencia ficción.
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