Opinión

Columna opinión: Política en Violeta 

La Suprema Ignorancia y el ADN de la Burocracia

POR MALVA

En el México del siglo XXI, donde la ciencia y los derechos reproductivos han reconfigurado el concepto mismo de «amor» y «pertenencia», la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) parece albergar visiones que huelen a naftalina legislativa. 

La reciente postura de la ministra María Estela Ríos González, quien sugiere bajo una interpretación gélida y arcaica que el nacimiento mediante fertilización in vitro desdibuja la calidad de miembro de una familia, no es solo un error jurídico; es un insulto a la evolución de la sociedad mexicana.

La familia más allá del tubo de ensayo

El planteamiento de la ministra Ríos González choca de frente con el concepto de «voluntad procreacional», un principio que la propia Corte ha defendido en años recientes para proteger a las familias diversas y las nuevas realidades biotecnológicas. 

Afirmar o sugerir que el origen asistido de una vida resta derechos filiatorios es retroceder décadas de progresismo jurídico. Para la Columna Violeta, la familia no se reduce a un acto biológico azaroso, sino a la decisión consciente de cuidar y proteger. 

Negar la pertenencia familiar por el método de concepción es, en términos llanos, una forma de discriminación institucionalizada contra las infancias.

El perfil contra la capacidad

Aquí surge la pregunta incómoda que hoy recorre los pasillos del Poder Judicial: ¿La lealtad política ha desplazado a la capacidad técnica? El ascenso de perfiles cuya formación parece no alcanzar para comprender la complejidad de los derechos humanos modernos pone en jaque la credibilidad de la SCJN. 

Ocupar una silla en el máximo tribunal requiere una sensibilidad que trascienda el código civil de hace cincuenta años. Cuando una ministra demuestra tal desconexión con la realidad de miles de familias que han recurrido a la ciencia para cumplir el sueño de la paternidad, lo que se evidencia es una vacante de empatía y de rigor académico.

La vergüenza de la silla ocupada

No es solo un tema de criterios; es un tema de dignidad en el cargo. La crítica que hoy se vierte sobre Ríos González no nace del aire, sino de la indignación de ver cómo se utilizan las instituciones para perpetuar visiones obtusas. 

Si nacer in vitro no te hace familia según esta lógica, entonces la justicia en manos de tales perfiles no nos hace ciudadanos protegidos, sino sujetos a merced del prejuicio. La capacidad no es un adorno del currículum, es la garantía de que quien juzga vive en el mismo siglo que los juzgados.

Pregunta para la ministra María Estela Ríos y la SCJN

¿En qué artículo de la ética y la razón se basa su postura para decirle a un niño nacido por ciencia que su lugar en el árbol genealógico es menos legítimo que el de los demás, o es que su capacidad jurídica se limita únicamente a lo que dicta el prejuicio y no el Derecho?

La vergüenza debería ser el sentimiento mínimo ante la incapacidad máxima. El México violeta y moderno no cabe en la visión estrecha de quienes confunden una sentencia con un dogma de fe del siglo pasado.

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