La semana laboral de cuatro días ha seducido a Europa por la productividad. Filipinas la ha aplicado para ahorrar en gasolina

Las distintas pruebas llevadas a cabo por todo el mundo han revelado que reducir la semana laboral de cinco días y 40 horas a cuatro días, contribuye a mejorar no solo el bienestar de los trabajadores, sino que también se mejora su productividad y el compromiso con su trabajo.
Sin embargo, hay algo de la semana laboral de cuatro días que, en la actualidad, interesa mucho más a los mandatarios: el ahorro en consumo de combustible que implica que los trabajadores no cojan el coche para ir a trabajar. Por ese motivo, el presidente de Filipinas ha decretado que los funcionarios de varias oficinas del ejecutivo filipino pasarían a trabajar solo cuatro días a la semana para ahorrar energía por el incremento del precio crudo por la situación de guerra en Irán.
La semana laboral de cuatro días como medida económica. No es la primera vez que se ha usado la flexibilidad laboral como herramienta económica. De hecho, en España se pidió priorizar el teletrabajo tras la DANA de Valencia o para evitar riesgos en desplazamientos ante amenazas meteorológicas.
Sin embargo, lo insólito es que se utiliza la semana laboral de cuatro días para evitar que los funcionarios se desplacen a sus centros de trabajo y, así ahorrar combustible ante una inminente crisis de suministro en el archipiélago. Tal y como recoge el Memorándum Circular número 114A publicado por el gobierno filipino, la media afectará a todos los funcionarios a partir del 9 de marzo.
La semana de cuatro días por eficiencia. En su comunicado, el presidente Marcos destacaba una excepción, «Adoptamos temporalmente una semana laboral de cuatro días en ciertas oficinas del poder ejecutivo. Esto no se aplica a quienes prestan servicios de emergencia o esenciales, incluidos policía, bomberos y otros servicios de primera línea», dejando fuera del recorte de la semana laboral al personal de emergencias.
Junto a esto, el presidente ordenó a todos los organismos públicos reducir su consumo de electricidad y combustible entre un 10 y un 20%, prohibiendo además los viajes no esenciales, las visitas de estudio y todas las reuniones presenciales que puedan celebrarse de forma telemática. Cada organismo debe además nombrar un responsable de eficiencia energética y entregar informes mensuales de consumo.
Un país rehén del crudo ajeno. Aunque la medida pueda parecer un tanto exagerada tras solo una semana de conflicto, Filipinas no produce petróleo propio y depende de centrales alimentadas con combustible fósil para generar buena parte de su electricidad. Eso hace que la mínima oscilación en los precios del crudo se traslade inmediatamente a hogares y empresas.
En su mensaje, Marcos explicó que el conflicto en Oriente Medio ha afectado al paso de los buques petroleros por el Estrecho de Ormuz y que, cuando esa ruta falla, los precios suben en todo el mundo. El presidente advirtió de las consecuencias concretas si el estrecho llegara a cerrarse, los combustibles dispararían su precio en el mercado. Algo que, de hecho, ya está sucediendo en buena parte del planeta.
El sector privado, en guardia. Por el momento, la reducción de jornada solo se aplica al sector público, pero el debate sobre la conveniencia de aplicarlo también al sector privado ya se debate entre los grupos políticos. El senador Francis Escudero animó a las empresas privadas a estudiar jornadas escalonadas o trabajo flexible, argumentando que reducir el tráfico en las grandes ciudades tendría un impacto económico significativo.
Según datos del senador filipino extraídos de un estudio de la Agencia Internacional de Cooperación de Japón (JICA), los atascos de tráfico en Metro Manila le cuestan al país aproximadamente 3.500 millones de pesos al día (unos 51 millones de euros).
Sin embargo, los empresarios no tienen la misma opinión. «Para la fabricación, hemos estado funcionando con recursos limitados, y reducir aún más los días de trabajo podría poner en riesgo nuestros compromisos», aseguraba a The Inquirer Ferdinand Ferrer, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Filipinas (PCCI).
Una historia que se repite. Aunque la semana laboral de cuatro días es un concepto que suena novedoso, en realidad no es algo nuevo para Filipinas. Ya en 1990, durante la Guerra del Golfo, el Departamento de Trabajo y Empleo implantó la semana de cuatro días con el mismo objetivo: amortiguar el impacto económico de una subida brusca del crudo. La historia se repite en condiciones muy similares.
La diferencia con el debate europeo sobre la semana de cuatro días no podría ser mayor. Aquí no hay estudios de bienestar para los empleados ni análisis de productividad para las empresas. La visión del gobierno filipino es mucho más pragmática: reducir su factura energética de la forma más rápida posible.
Imagen | Unsplash (Haberdoedas, phyo min)









