Imágenes satelitales no dejan lugar a dudas: el renacimiento nuclear de China ya es visible desde el espacio

Desde que China detonó su primera bomba atómica en plena Guerra Fría, su relación con lo nuclear ha estado marcada por el sigilo, la prudencia declarada y una profunda desconfianza hacia las grandes potencias. Durante décadas optó por mantenerse en segundo plano, construyendo capacidades lejos de los focos y hablando poco de ellas. Ese silencio histórico es clave para entender por qué, cada vez que algo se mueve en ese terreno, el mundo presta atención.
Un resurgir silencioso en las montañas. La historia la traía en un especial el New York Times este fin de semana a través de imágenes satelitales. En los valles húmedos y escarpados de Sichuan, lejos de miradas indiscretas, China está reactivando y ampliando una infraestructura nuclear concebida para otra era pero adaptada a una rivalidad entre superpotencias que vuelve a intensificarse tras el fin del pacto histórico entre Moscú y Washington que contamos hace poco.
Las imágenes desde el espacio muestran nuevos búnkeres, rampas y complejos industriales con sistemas de ventilación y disipación térmica que apuntan a actividades de alto riesgo, integradas en un entramado que ya no parece defensivo ni residual, sino coherente con una expansión acelerada y planificada que gana ritmo desde finales de la pasada década.
La herencia de la “Tercera Línea” y su actualización. Estos enclaves no nacen de la nada, sino que hunden sus raíces en lo que se llamó la “Tercera Línea”, impulsada por Mao Zedong para proteger el corazón nuclear del país de ataques estadounidenses o soviéticos.
Durante décadas, aquel imperio nuclear interior permaneció en segundo plano, reducido y fragmentado cuando las tensiones globales se relajaron. Hoy, esas mismas instalaciones parecen volver a cobrar protagonismo, no como reliquias, sino como nodos modernizados que recuperan su función central en una China que ha dejado atrás la doctrina de la contención mínima.

Zitong en 2022 (arriba) y 2026 (abajo)
Zitong y Pingtong: piezas clave. Explicaban en el Times que los trabajos detectados en Zitong sugieren ensayos avanzados de explosivos de alta precisión, esenciales para perfeccionar la implosión que inicia una reacción nuclear, mientras que el complejo de Pingtong, con su gran chimenea de ventilación y su arquitectura característica, apunta a la fabricación de los núcleos metálicos de las ojivas, probablemente de plutonio.
La similitud estructural con instalaciones extranjeras especializadas en este proceso, como Los Alamos National Laboratory, refuerza la idea de que China está cerrando el ciclo completo de diseño, prueba y producción de armamento nuclear moderno.

Inteligencia, datos y el valor de lo que no se ve. Más allá de lo visible, el verdadero salto está en la integración de inteligencia, análisis geoespacial y capacidad de simulación avanzada. El gran laboratorio de ignición láser en Mianyang permite estudiar el comportamiento de cabezas nucleares sin necesidad de detonaciones reales, un enfoque que reduce riesgos políticos y ambientales mientras acelera el refinamiento técnico.
De esta forma, cada obra detectada es solo un fragmento, pero todas juntas forman un mosaico que revela una estrategia basada en acumular conocimiento, validar diseños y ganar confianza operativa sin cruzar abiertamente líneas rojas internacionales.
Un desafío directo al control de armas. De estos se ha hablado mucho en las últimas semanas con el fin del tratado New Start. Esta aceleración china complicaría cualquier intento de revivir acuerdos globales de control nuclear tras la expiración de ese último tratado entre Estados Unidos y Rusia.
Washington insiste en que China debe formar parte de cualquier nuevo marco, pero Pekín rehúye compromisos que limiten un crecimiento que considera necesario para su estatus de potencia global. Las acusaciones estadounidenses de pruebas encubiertas, rechazadas por China, añaden una capa de desconfianza que empuja a ambas partes a planificar en función de los peores escenarios.
Taiwán y la lógica de la disuasión reforzada. El telón de fondo de este esfuerzo es la percepción china de vulnerabilidad frente a la coerción nuclear estadounidense, especialmente en una crisis plausible sobre Taiwán. ¿Cómo? Un arsenal más grande, diverso y tecnológicamente afinado ofrece a Pekín la sensación de inmunidad suficiente para maniobrar con mayor libertad en un conflicto convencional, elevando los riesgos de cálculo para todas las partes.
En ese sentido, lo que ocurre bajo las montañas de Sichuan no es solo una modernización industrial, sino que apunta más a una apuesta estratégica que redefine los equilibrios y obliga al resto del mundo a interpretar, y a los “enemigos íntimos” a reaccionar, si no lo están haciendo ya.
Imagen | Planet Labs, Google Earth, Airbus








