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El mundo lleva décadas fascinado por el colapso de los mayas. En realidad casi todo lo que creíamos saber era erróneo

Cultivaron campos, criaron ganado, levantaron algunos de los edificios más asombrosos del planeta, desarrollaron una rica cultura que incluía avanzados conocimientos astronómicos que todavía hoy intrigan a los expertos. Los mayas son una de las civilizaciones más fascinantes del planeta. Y con razón. Sin ella es imposible contar la historia de América Central. Sin embargo, poco a poco y a medida que la tecnología nos permite ahondar en sus secretos, empezamos a comprender algo: mucho de lo que creíamos saber de los mayas era erróneo. 

Y eso incluye su colapso.

¿Qué pasó con los mayas? La pregunta es muy sencilla. Su respuesta ya no tanto. A medida que nuestro conocimiento sobre la civilización maya se ha ido ensanchando (gracias a recursos como la tecnología LiDAR) también ha mutado la idea que los historiadores tenían de su ocaso. Lo recodaba hace poco en The Guardian Marcus Haraldsson al recordar lo que sabemos de Tikal, uno de los mayores polos urbanos de los mayas, situado en lo que hoy es Guatemala.

Florian Delee Jgilwunmcgk Unsplash

¿»Repentino y desastroso»? La estela más reciente localizada en el yacimiento data del año 869 de nuestra era, lo que deja botando la pregunta de qué ocurrió en Tikal a partir de esa fecha. Durante un tiempo los historiadores valoraron la posibilidad de un colapso «repentino y desastroso» que marcó su destino; pero a día de hoy esa explicación parece cada vez más lejana. 

Ahora los expertos se inclinan por otra opción: un amplio período de decadencia de alrededor de 200 años durante los que los agricultores se trasladaron a norte y sur y los poderosos centros urbanos se abandonaron en favor de asentamientos como Chichén Itzá, Uxmal o Mayapán, hacia el norte de la península del Yucatán. Incluso se habla del período Clásico Terminal, que va de los años 750 al 1050.

Cambiando la perspectiva. Esa perspectiva ha ido adaptándose con el paso de las décadas y va más allá del período de declive de la civilización maya. 

«Ya no hablamos realmente de colapso, sino de declive, transformación y reorganización de la sociedad, así como de una continuidad de la cultura», comenta a The Guardian Kenneth E. Seligson, profesor asociado de arqueología en la Universidad Estatal de California (CSU). «Se han producido varios cambios similares en lugares como Roma. [Pero] ya casi nunca hablamos del gran colapso romano porque resurgieron de diversas formas, igual que los mayas».

Pero… ¿Qué ocurrió? Qué pasó exactamente para que muchos de los principales asentamientos mayas (no todos) comenzaran a colapsar hacia los siglos IX y X sigue siendo un tema complejo y muy discutido. Hoy los autores señalan una combinación de factores entre los que se mezclan cambios en las rutas comerciales, una climatología adversa, sequías severas y prolongadas y guerras, entre otros. Lo cierto es que en pleno 2026 los investigadores siguen recabando pistas que nos ayuda a despejar incógnitas sobre ese período.

La importancia del agua. No hay que irse muy atrás para leer nuevos descubrimientos que nos hablan precisamente del colapso de la civilización maya. El pasado agosto un grupo de científicos publicó un artículo en el que básicamente recalcaban el «importante papel» que desempeñaron las «sequías prolongadas» en el declive mayas. Para su estudio los investigadores analizaron una estalagmita localizada en una cueva del Yucatán, un auténtico tesoro geológico y arqueológico si se analizan sus isótopos de oxígeno.

El examen reveló una serie de períodos de sequía severa entre el 871 y 1021, durante el Clásico Terminal, etapas marcadas por la carestía de agua durante las que a los mayas les resultó «extremadamente difícil» sacar adelante sus cultivos. 

Quizás parezca exagerado, pero el estudio reveló ocho sequías durante las temporada de lluvias que se prolongaron al menos tres años. No solo eso. La sequía más larga duró unos 13 años. Otros estudios anteriores, realizados a partir de  sedimentos recogidos en la laguna Chichankanab o estalactitas rescatadas en Belice, habían sugerido ya el papel que jugó el clima en el colapso maya.

Cuestión de sequías (y algo más). Meses después de ese estudio, en noviembre, Benjamin Gwinneth, de la Université de Montréal (UdeM), publicó otro que ayuda a completar la ‘foto’. La institución canadiense recuerda que hacia el 750 y 900 d.C. la población de las tierras bajas mayas sufrió «un importante declive demográfico y político» que coincidió con «episodios de intensa sequía».

Lo que cuestiona el trabajo de Gwinneth es que ese colapso se explique solo por la falta de agua. Curiosamente su investigación se apoya también en el análisis de muestras de sedimentos que datan de hace alrededor de 3.300 años.

Bonampak Chiapas 13

¿Y qué hizo exactamente? Gwinneth se dedicó a analizar muestras extraídas de la Laguna Itzán, en la actual Guatemala, cerca de un yacimiento arqueológico maya. Para ser precisos se centró en tres «indicadores geoquímicos» que revelan la evolución de los incendios, la vegetación y la densidad de la población en el área (algo que estiman gracias a estanoles fecales) desde hace miles de años.

La primera conclusión que obtuvieron es que los primeros asentamientos aparecieron en la zona hace 3.200 años y durante siglos los mayas cultivaron, quemaron para limpiar bosques y aprovechar las cenizas a modo de fertilizante natural. También incrementó poco a poco la población de la zona. Con el tiempo incluso cambiaron de «estrategia agrícola», prescindiendo del fuego.

Un clima «estable». La segunda conclusión (y esta es la parte interesante) es que, a diferencia de poblaciones mayas localizadas más al norte que sí sufrieron «sequías devastadoras», en Itzán el clima fue relativamente «estable» gracias en parte a su ubicación geográfica, cerca de la Cordillera. Curiosamente eso no libró a Itzán de la crisis que sufrieron en otras áreas del mundo maya. La pregunta es obvia:  ¿Por qué? Si allí seguía lloviendo, ¿qué los arrastró a la crisis?

«Aunque no hubo sequía en la zona, la población disminuyó durante el período Clásico Terminal. Los indicadores muestran una caída drástica, desaparecen los rastros de agricultura y el sitio fue abandonado», señala Gwinneth, que recuerda que algunos arqueólogos sitúan el inicio del colapso maya en el área de Itzán.

¿Por qué es importante? Porque sugiere que la sequía (por más empecinada que sea) no basta por sí sola para explicar el declive maya. «La respuesta reside en la interconexión de las sociedades mayas», reflexiona el experto. «Las ciudades no existían de forma aislada. Formaban una compleja red de lazos comerciales, alianzas políticas y dependencia económica», apostilla el investigador.

«Efecto dominó» catastrófico. No fue necesario que Itzán sufriera en sus carnes tierras la falta de precipitaciones. Cuando sus vecinos de las tierras bajas centrales empezaron a quedarse sin agua pudo desencadenarse «una crisis en cascada», con enfrentamientos por los recursos, colapsos de las dinastías gobernantes, migraciones masivas y la suspensión de rutas comerciales…

«Itzán cayó en ruinas no por falta de agua, sino porque se vio atrapada en el caos cuando el sistema del que formaba parte se derrumbó», resumen desde la UdeM. No hizo falta una sequía para el colapso general. De ser cierta esa teoría, la propia «interdependencia» que existía ciudades mayas desató un «efecto dominó» fatal. La propuesta de Gwinneth es interesante porque sugiere que, más allá del clima, el colapso fue un fenómeno complejo en el que influyó la economía y la política.

Buscando las preguntas correctas. Lo más curioso de la cultura maya es que, pese a la fascinación que genera desde hace décadas en la cultura popular, nuestro conocimiento sobre ella todavían están lejos de ser completos. De hecho seguimos llegando a conclusiones sorprendentes, como la alcanzada en 2025 por un equipo que se ha dedicado a estudiar los asentamientos mayas con LiDAR.

Gracias al barrido láser aéreo los científicos llegaron a la conclusión de que la población maya pudo ser mucho (muchísimo) más amplia de lo que creíamos, alcanzando los 9,5 o incluso 16 millones de personas repartidas en zonas de lo que hoy es Guatemala, sur de México y oeste de Belice durante la era Clásica Tardía (600-900 d.C). El dato supera con creces los cálculos que se manejaban hace unas décadas, que apuntaban a apenas un par de millones de habitantes.

«Esperábamos un aumento modesto en las estimaciones, pero observar un incremento del 45% fue sorprendente», reconoce el profesor Francisco Estrada-Beli, uno de los miembros del equipo. Esa gran densidad de población confirman que los tierras bajas mayas debían estar bien estructuras y organizadas y plantea una reflexión sugerente: hay quien opina que la gran pregunta no es por qué la civilización maya decayó, sino cómo diablos se las apañó para sobrevivir.

Imágenes | Wikipedia 1 y 2 y Florian Delée (Unsplash)

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