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POR: EL HUSMEADOR

El Fracaso Anticorrupción que Hundió a México en el Abismo Global  

México, el país donde la corrupción se ha convertido en el pan de cada día, las palabras de Vania Pérez Morales, ex presidenta del Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), resuenan como un trueno en medio de la tormenta. «La Auditoría Superior de la Federación (ASF) fue capturada por intereses político-partidistas», denunció recientemente Pérez Morales, señalando que esta infiltración ha arrastrado a México a los peores puestos en los rankings internacionales de percepción de corrupción. Esta afirmación no es un capricho aislado, sino el eco de una crisis sistémica que ha erosionado la confianza en las instituciones y ha perpetuado un ciclo vicioso de impunidad.

Verifiquemos los hechos. Pérez Morales, académica de la UNAM y figura clave en la lucha contra la corrupción, ha sido una voz incansable en este tema. En entrevistas recientes, como la publicada en EL PAÍS, reveló que durante su gestión al frente del SNA presentó más de 100 denuncias, muchas de ellas contra irregularidades internas en el propio sistema anticorrupción. 

Específicamente, en diciembre de 2025, denunció al titular de la ASF, David Colmenares, por «incumplimiento de obligaciones», acusándolo de no avanzar en investigaciones clave como las de Segalmex, Odebrecht o la Estafa Maestra. 

Estas acusaciones no son nuevas: en 2024, Pérez Morales ya había criticado la «partidización» de la ASF bajo Colmenares, quien, según analistas, frenó investigaciones sensibles durante administraciones anteriores. 

La captura política de la ASF no es un secreto a voces; es un escándalo documentado. Críticos como Gerardo Lozano Dubernard, ex auditor de la ASF, han denunciado cómo la institución ha perdido autonomía, ignorando reformas que eliminan contrapesos y desestimando denuncias públicas. 

Incluso diputadas como María Elena Pérez-Jaén han alertado que la Comisión de Vigilancia de la ASF en el Congreso está «secuestrada» por Morena y aliados, con opositores ausentes o complacientes. 

Este panorama pinta una ASF convertida en herramienta partidista, no en guardiana de la transparencia. Y los resultados son devastadores. Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2025 de Transparency International, México obtuvo apenas 27 puntos de 100, ubicándose en el puesto 141 de 182 países evaluados. 

Esto representa un ligero avance de un punto respecto al año anterior, pero sigue siendo uno de los peores en las Américas, donde el promedio regional es de 42. 

Países como Brasil (35) y Colombia (37) comparten esta vergüenza, pero México destaca por su estancamiento: desde 2012, no ha habido progreso significativo, permitiendo que el crimen organizado infiltra la política y erosione derechos humanos y servicios públicos. 

Pérez Morales lo dijo claro: «Estamos en el peor momento de la historia, porque no hay protección para los denunciantes de los grandes casos». Esta crisis no es solo estadística; es humana. Pérez Morales ha enfrentado amenazas, censura y presiones, incluyendo insinuaciones de cárcel por sus denuncias. 

En octubre de 2025, tras pedir investigar a Adán Augusto López, un video del SNA fue bajado de redes por «presiones internas». 

Incluso el SNA se devora a sí mismo: Pérez Morales cuestiona la presidencia de su sucesora, Patricia Talavera, por investigaciones abiertas por abuso de funciones y desvío de recursos. 

¿Hasta cuándo toleraremos esta farsa? La ASF, diseñada para fiscalizar el gasto público, se ha convertido en cómplice de la opacidad. México necesita una reforma urgente: independencia real para la ASF, protección a denunciantes y voluntad política desde la Presidencia. De lo contrario, seguiremos hundidos en el abismo global, donde la corrupción no solo roba recursos, sino esperanzas. 

Vania Pérez Morales nos ha dado la alerta; ignorarla sería el peor de los crímenes.

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