POR: EL HUSMEADOR

¡Emergencia Sanitaria! Tuberculosis Resurge en México: Más de Mil Víctimas en 2026 y el Gobierno Mira para Otro Lado
En un país aún lamiendo las heridas de la pandemia de COVID-19, y con brotes de sarampión robando titulares, otra amenaza silenciosa pero letal acecha: la tuberculosis respiratoria. No es un fantasma del pasado; es una realidad que se expande como fuego en paja seca. En lo que va de 2026, México suma ya 1,289 casos confirmados, un repunte alarmante del 31% comparado con los 1,151 del mismo periodo en 2025.
¿Casualidad? No, señores: esto huele a negligencia, mezclado con factores que el gobierno federal y estatal han ignorado durante años. Mientras el sarampión obliga a algunos estados a desempolvar el cubrebocas, la tuberculosis –esa asesina invisible– concentra su furia en 10 entidades, dejando claro que el sistema de salud está en jaque. Las cifras no mienten, y las he verificado a través de reportes oficiales de la Secretaría de Salud. Hasta la semana epidemiológica más reciente (finales de enero), el acumulado nacional roza los 1,300 contagios, con un pico de 334 nuevos casos solo en enero.
Los estados más golpeados son los fronterizos y costeros, donde la migración y la pobreza facilitan el contagio. Aquí va la lista de los 10 verdugos que concentran la mayoría de los casos, según datos federales: Veracruz: 135 casos; Baja California: 125; Nuevo León: 115; Chiapas: 106; Tamaulipas: 80; Sonora: 59; Tabasco: (alrededor de 42 en datos previos, pero en ascenso); Guerrero, Sinaloa y Nayarit también figuran en el radar, con tasas históricas altas (por ejemplo, Baja California con 44.7 por 100,000 habitantes en 2024). Nuevo León, por ejemplo, vio un salto del 40.74% en sus casos anuales, pasando de 54 en 2025 a 76 en las primeras semanas de 2026.
¿Por qué estos estados? Porque son puertos de entrada para migrantes de regiones endémicas como Centroamérica y Asia, donde la tuberculosis es común.
Pero no todo es culpa de las fronteras: la enfermedad se propaga por aire, a través de gotitas al toser o hablar, y ataca a los más vulnerables –aquellos con sistemas inmunes debilitados por desnutrición, diabetes (un mal endémico en México), VIH, tabaquismo o alcoholismo.
Ahora, la pregunta del millón: ¿es esta epidemia puro resultado de ineficiencia gubernamental, o hay otras causas en juego? La verdad es un cóctel explosivo, pero con un fuerte tufo a la negligencia oficial. Por un lado, factores externos y estructurales: el post-COVID ha sido un catalizador brutal. Durante la pandemia, la vigilancia epidemiológica se desplomó, permitiendo que cepas resistentes se multiplicaran sin control.
A nivel global, la OMS reporta un resurgimiento de la tuberculosis como principal causa de muerte infecciosa, superando incluso al COVID en algunos contextos.
En México, la desnutrición afecta a millones, y la diabetes –con más de 12 millones de casos– triplica el riesgo de TB activa.
Sumemos la migración: flujos de personas de países con alta incidencia, como India o África subsahariana, entran sin filtros sanitarios adecuados.
Pero no nos engañemos: el gobierno tiene las manos sucias. La escasez de vacunas BCG –esa inyección vital para recién nacidos– ha durado meses en el IMSS-Bienestar, coincidiendo con el repunte en niños.
¿Ineficiencia? Absolutamente. En 2025, los casos subieron ligeramente de 21,027 a 21,065, pero el desabasto crónico grita fracaso en la cadena de suministro.
La Secretaría de Salud, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, ha retomado las campañas de vacunación tardíamente, pero ¿dónde estaba la prevención?
Por otra parte, el movimiento antivacunas, alimentado por desinformación y falta de educación pública, ha erosionado la cobertura, reviviendo «enfermedades antiguas» como esta.
Y en estados como Veracruz o Baja California, la corrupción en salud y recortes presupuestales han dejado hospitales sin medicinas para infecciones respiratorias.
No es solo «mala suerte» post-pandemia; es un sistema que prioriza discursos sobre acciones concretas. México es endémico para la tuberculosis, con más de 28,000 casos anuales y miles de muertes evitables.
Si no se actúa ya –con inversión en detección temprana, vacunas masivas y apoyo a vulnerables–, este repunte se convertirá en catástrofe.
Señores del gobierno: dejen las excusas y enfrenten la realidad. La tuberculosis no espera elecciones; mata ahora.












