Lejos de Grazalema y los embalses, Andalucía tiene otro grave problema: balsas mineras completamente colapsadas
España tiene los ojos clavados en las intensas lluvias de esta semana en Andalucía. Según explican los expertos meteorológicos, se esperaban entre 60 y 80 litros, pero la orografía ha actuado como una muralla provocando acumulados de 180 litros, un escenario donde la tecnología ha fallado por más del doble en una predicción a corto plazo.
Sin embargo, mientras las cámaras enfocan el agua que corre por las calles de los pueblos blancos, una amenaza mucho más silenciosa y potencialmente devastadora se gesta lejos de los focos mediáticos. La verdadera preocupación técnica y militar se encuentra en la estabilidad de las infraestructuras de residuos industriales en la provincia de Huelva y parte de Sevilla. Allí, como detalla la prensa local, se ubica el depósito de residuos tóxicos más grande de Europa. Es una bomba de relojería compuesta de lodo y metales pesados que está siendo sometida a una prueba de estrés hídrico sin precedentes recientes.
¿Qué ha pasado con las balsas mineras? Ante la llegada de la borrasca Leonardo, la reacción de las autoridades ha sido de una celeridad inusual. La dirección del Plan de Emergencia ante el Riesgo de Inundaciones encargó ayer mismo a la Unidad Militar de Emergencias (UME) un análisis y peritaje urgente de la situación de estos depósitos. Oficialmente, el mensaje es de calma, pues el servicio de emergencias autonómico asegura que el trabajo realizado ha aportado «total tranquilidad» y que no se ha detectado «incidencia alguna ni riesgo probable».
No obstante, la realidad sobre el terreno muestra una tensión operativa distinta. Lejos de limitarse a observar, la UME ha pasado a la acción directa con un despliegue masivo: un contingente de más de 250 militares y 90 vehículos especializados ha sido movilizado para la zona. Según informa la televisión pública andaluza, los efectivos han instalado un muro de contención utilizando «Hesco Bastion» y maquinaria pesada en la mina de Los Frailes, en Aznalcóllar, porque el agua de lluvia ya está arrastrando pirita y buscan evitar a toda costa que desagüe en el embalse.
La guerra de relatos. La situación ha provocado un cruce de mensajes entre la prudencia política, la reivindicación empresarial y la alarma social. El presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, ha sido inusualmente explícito sobre la naturaleza del peligro. Como ha recogido ABC, el presidente andaluz ha justificado la movilización militar por la necesidad de anticipación, advirtiendo con crudeza que estas instalaciones son «balsas mineras que podrían desbordarse con materiales que algunos son tóxicos, sobre todo de manera muy especial en la provincia de Huelva».
Frente a esta advertencia política, la respuesta de la industria ha sido tajante. La empresa Atalaya Riotinto Minera ha emitido un comunicado garantizando la seguridad de los depósitos de estériles de la mina de Riotinto. Aseguran que sus instalaciones operan con normalidad conforme a estrictos estándares técnicos y que estas situaciones excepcionales «han sido contempladas en el diseño y la construcción», contando con márgenes de seguridad adecuados. Además, la compañía ha querido enfatizar que mantiene una «plena comunicación y coordinación» con las autoridades competentes y la Guardia Civil para el seguimiento continuo de la situación.
En el otro extremo, voces políticas como Izquierda Unida advierten de que esto no es un simulacro. La formación señala que las balsas, que acumulan materiales tóxicos tras décadas de explotación, entran en «situación potencial de riesgo de rotura» debido al empuje del agua en los taludes. Su coordinador provincial ha denunciado la «incapacidad histórica» de mantenimiento de estos suelos y exige un diagnóstico veraz en tiempo real, calificando la situación de riesgo no hipotético.
El fantasma del 98. El miedo que recorre la espina dorsal de Andalucía occidental tiene memoria. La referencia inevitable es el desastre de Aznalcóllar de 1998, pero las dimensiones actuales son mucho mayores. El foco principal de la amenaza se sitúa hoy en la Cuenca Minera de Riotinto, en las presas de Gossan, Cobre y Aguzadera. Este complejo almacena más de 182 millones de metros cúbicos de lodos, una cantidad que supera en treinta veces el volumen del vertido que causó la catástrofe ecológica de hace casi tres décadas.
Las organizaciones ecologistas aportan datos inquietantes sobre los operadores actuales. Recuerdan que la mina de Aznalcóllar es gestionada ahora por una filial de Grupo México, empresa con un historial de roturas de balsas en su país de origen, como la del río Sonora en 2014. Además, denuncian que ya hubo avisos previos: en marzo de 2025, durante otras lluvias intensas, se produjo un episodio de contaminación en el contraembalse del Agrio por escorrentías de la mina.
Entonces, ¿cuáles son las previsiones? El problema actual no es solo la cantidad de agua que cae, sino dónde cae. Como explican los expertos en meteorología, «llueve sobre mojado». El mes de enero ya batió récords históricos con acumulados de 1.300 litros en algunas zonas, dejando el suelo, compuesto mayoritariamente por arcillas, completamente saturado. La tasa de infiltración es nula; el terreno ya no admite ni una gota más.
Esto nos lleva a una situación hidrológica límite. Los embalses de la provincia de Huelva se encuentran al 85,83% de su capacidad, una cifra muy superior a la media de los últimos años. Esto ha obligado a la Junta a realizar desembalses preventivos y controlados en siete de las ocho presas que gestiona para garantizar su seguridad. No obstante, el mayor peligro físico en las balsas mineras es técnico, es decir, el riesgo de licuación de los lodos. Los expertos alertan de que un episodio de lluvias extremas incrementa la presión hidrostática sobre los muros de contención. Si esto ocurre, el lodo puede perder su comportamiento sólido y colapsar la estructura repentinamente.
Hay una amenaza más. Más allá de las minas, la orografía onubense esconde otro punto crítico: las balsas de fosfoyesos en las marismas del Tinto. Son 1.200 hectáreas que acumulan 120 millones de toneladas de residuos industriales a escasos kilómetros de la capital. Estudios añaden un factor de inestabilidad adicional, pues se ha detectado un «hundimiento progresivo del terreno» en esta zona.
A este escenario se suma la opacidad denunciada por los colectivos sociales. Ecologistas en Acción asegura haber solicitado reiteradamente información sobre los informes de vigilancia de los muros recrecidos en Riotinto y sobre las garantías financieras de la empresa para cubrir posibles daños, sin haber recibido respuesta por parte de la autoridad minera hasta la fecha.
La lección invisible. Mientras las imágenes de carreteras cortadas y ríos desbordados en la sierra de Cádiz ocupan las portadas, la verdadera batalla por la seguridad ambiental de Andalucía se libra en silencio y con maquinaria pesada en las zonas mineras. La lección que dejó la DANA de Valencia es clara: el peligro no siempre está solo donde llueve con más fuerza, sino donde las infraestructuras no pueden soportar el embate. Como bien resumen los análisis meteorológicos, un aviso rojo no solo afecta al lugar donde se declara; el agua corre, y en este caso, lo que preocupa no es solo el agua, sino lo que esta puede arrastrar consigo.
Imagen | Atalaya Mining Rio Tinto y EMA








