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Corea del Norte creía que la amenaza estaba a km de su frontera. Un vídeo ha revelado que está a pocos metros con una ojiva descomunal

Durante años, Corea del Norte ha construido su seguridad sobre la idea de que lo más peligroso venía de lejos y se podía ver venir con tiempo. Pero en la península, las amenazas no siempre llegan desde el otro lado del mundo: a veces se desarrollan mucho más cerca de lo que nadie imaginaba.

Un misil “monstruo”. Un vídeo ha revelado que Corea del Sur ha empezado a desplegar operativamente el Hyunmoo-5, su mayor misil balístico hasta la fecha y uno de los más peculiares del mundo por la combinación de tamaño y misión. 

Aunque sigue rodeado de secretismo y no hay lanzamientos de prueba confirmados públicamente, su entrada en unidades indica que Seúl ya lo considera un instrumento real de disuasión. Un arma pensada para un escenario extremo en la península, donde el problema no es solo atacar, sino golpear lo que está enterrado, protegido y diseñado para sobrevivir.

La clave: la cabeza. Lo que coloca al Hyunmoo-5 en una categoría propia es su ojiva de penetración gigantesca, mucho más pesada que la de los misiles convencionales habituales. Donde lo normal es llevar cargas de menos de una tonelada, aquí se habla de un bloque que puede rondar varias toneladas, con una parte importante dedicada a metal denso y estructura para perforar antes de detonar. 

La lógica es sencilla y la hemos visto anteriormente en el MOP de Estados Unidos: entrar en el suelo a una velocidad enorme, abrirse paso como un martillo cinético y después estallar cuando ya está dentro, atacando búnkeres, centros de mando, depósitos y refugios pensados para aguantar ataques tradicionales.

Bunker-buster balístico. En términos de efecto, recuerda a las bombas antibúnker lanzadas desde un avión, pero con una diferencia decisiva: aquí no cae desde un bombardero a velocidad subsónica, sino que impacta como un proyectil balístico a velocidades cercanas a hipersónicas o directamente hipersónicas. 

Eso multiplica la capacidad de penetración por pura energía de impacto, incluso antes de contar la explosión. No convierte el arma en “nuclear”, porque el tipo de destrucción es distinto, pero sí crea una herramienta convencional con un poder de entrada y demolición que busca acercarse a lo que más teme un régimen: perder sus refugios subterráneos.

65 The Celebration Ceremony For The 65th Anniversary Of Rok Armed Forces

Ceremonia de celebración del 65 º aniversario de las Fuerzas Armadas de la República de Corea

El misterio del alcance. La enorme ojiva penaliza el alcance, y por eso muchas estimaciones sitúan su radio de acción en torno a unos 600 kilómetros, más propio de un misil de corto alcance pese al tamaño del conjunto. 

Para Corea del Sur eso no es un problema, porque el objetivo prioritario está cerca y es concreto: instalaciones endurecidas en Corea del Norte. Aun así, si se aligerara la carga, podría alcanzar distancias mucho mayores, incluso entrando en parámetros de misil de alcance intermedio, lo que abre la puerta a lecturas regionales más amplias.

Libertad total de diseño. Durante décadas, Seúl desarrolló misiles bajo límites pactados con Washington, primero muy estrictos y luego cada vez más relajados, hasta que esas directrices desaparecieron por completo en 2021. 

Ese cambio no fue simbólico: llegó al ritmo del avance norcoreano en misiles y armas nucleares, y dejó a Corea del Sur con margen para crear sistemas más pesados, más capaces y con mayores opciones de alcance. Hyunmoo-4 ya había elevado el listón con una carga potente, pero Hyunmoo-5 representa el salto definitivo a la idea de “potencia de demolición” como rasgo principal.

La estrategia de las tres vías. Plus: el Hyunmoo-5 se integra en el esquema surcoreano diseñado para evitar o responder a un ataque nuclear norcoreano, con tres pilares que se complementan: un plan de ataque preventivo a capacidades nucleares y de misiles si se considera inevitable, una defensa aérea y antimisil para interceptar lanzamientos, y una represalia masiva convencional contra liderazgo e infraestructuras estratégicas si el Norte golpea primero. 

En ese tablero, el misil sirve tanto para castigar como para decapitar capacidades, porque su especialidad es atacar lo que el adversario esconde bajo tierra para garantizar su continuidad.

Disuasión y escalada. Contaban los analistas de TWZ que la apuesta surcoreana pretende sostener una “balanza del terror” con medios convencionales cada vez más contundentes, pero también alimenta un debate incómodo sobre el futuro. Si Seúl algún día decidiera buscar un arsenal nuclear propio, un misil de esta familia sería un candidato natural, y además una carga nuclear sería mucho más ligera que la convencional actual, lo que ampliaría alcance y flexibilidad. 

Mientras tanto, la simple existencia del Hyunmoo-5 ya funciona como mensaje inequívoco: incluso sin cruzar el umbral nuclear, Corea del Sur quiere la capacidad de abrir cualquier búnker relevante y obligar a Pyongyang a asumir que su profundidad ya no garantiza seguridad.

Más allá de Pyongyang. En público, Corea del Sur enmarca estas armas como una respuesta a Corea del Norte, pero el trasfondo regional pesa cada vez más. Tener un misil potencialmente adaptable en alcance y con una carga devastadora añade margen frente a escenarios donde la amenaza no sea solo norcoreana, sino también de potencias cercanas como China o Rusia. 

Incluso se contempla la idea de aumentar su supervivencia y opciones de empleo con plataformas navales futuras, siguiendo la tendencia global de “arsenal ships”, porque en disuasión no basta con tener el arma: también hay que garantizar que seguirá viva cuando llegue el momento de usarla.

Imagen | Lightrocket, 촬영 – 이헌구 기자

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