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Ecatepec: el discurso oficial no alcanza para desmontar la percepción de inseguridad.

La presidenta municipal, Azucena Cisneros Coss, ha insistido en que Ecatepec carga con un “estigma negativo” construido durante décadas en el debate público, los medios de comunicación y la cultura popular. Sin embargo, más allá del reconocimiento de esa narrativa adversa, su administración no ha logrado demostrar de manera contundente, en los hechos, que la violencia haya dejado de marcar el día a día del municipio.

Valeria Vargas

Ecatepec, Estado de México.– Pese a los anuncios oficiales sobre una supuesta disminución de delitos, Ecatepec continúa siendo identificado por amplios sectores de la población como uno de los municipios más inseguros del país. El problema, reconocen incluso las propias autoridades municipales, no es únicamente de percepción: en la vida cotidiana de miles de habitantes, la inseguridad sigue siendo una constante.

La presidenta municipal, Azucena Cisneros Coss, ha insistido en que Ecatepec carga con un “estigma negativo” construido durante décadas en el debate público, los medios de comunicación y la cultura popular. Sin embargo, más allá del reconocimiento de esa narrativa adversa, su administración no ha logrado demostrar de manera contundente, en los hechos, que la violencia haya dejado de marcar el día a día del municipio.

Aunque el gobierno local asegura que Ecatepec ocupa el lugar 10 en incidencia delictiva entre los 16 municipios mexiquenses más poblados, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, el propio volumen de delitos —más de 31 mil en menos de un año— mantiene al municipio entre los focos rojos del Estado de México. Para la ciudadanía, estas cifras difícilmente se traducen en tranquilidad cuando los robos, extorsiones y homicidios siguen formando parte del entorno inmediato.

La alcaldesa ha señalado reducciones importantes en delitos de alto impacto, como el robo a casa habitación o el homicidio doloso, particularmente en las primeras semanas del año. No obstante, estos datos contrastan con la percepción social: colonias donde el patrullaje es irregular, vecinos que evitan salir de noche y comerciantes que continúan pagando cuotas ilegales. En ese contexto, hablar de estigmas resulta insuficiente cuando la experiencia cotidiana refuerza el miedo.

Incluso la autoridad municipal ha admitido que “la percepción de seguridad no siempre avanza al mismo ritmo que las cifras”. La diferencia, en el caso de Ecatepec, es que la percepción no surge del vacío, sino de años de violencia acumulada y de una sensación persistente de abandono institucional. Para muchos habitantes, la inseguridad no es una etiqueta mediática, sino una realidad que condiciona su movilidad, su economía y su calidad de vida.

Si bien el gobierno local presume detenciones, decomisos y operativos, estos resultados no han sido suficientes para modificar el sentir generalizado de la población. La insistencia en comparaciones estadísticas con otros municipios no logra ocultar que Ecatepec sigue siendo, en los hechos, un territorio donde la inseguridad se vive y se resiente.

Más que combatir un estigma, el reto para la administración municipal es demostrar con resultados sostenidos, visibles y verificables que la violencia realmente va a la baja. Mientras eso no ocurra, el discurso oficial seguirá enfrentándose a una percepción ciudadana que, lejos de diluirse, se reafirma todos los días en las calles del municipio

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