POR: EL HUSMEADOR

¡DESANGRE ECONÓMICO Y HUMANO! México Pierde 92 Mil Millones en Capitales y Casi 2,000 Empleos en GM Ramos Arizpe Mientras Sheinbaum Prepara la Batalla por el T-MEC
México enfrenta un arranque de 2026 brutal: una economía que sangra por ambos extremos. Por un lado, el Banco de México confirmó que el país cerró 2025 con una salida neta de capitales extranjeros por 92 mil 353 millones de pesos en deuda gubernamental, rompiendo tres años consecutivos de entradas netas. La tenencia foránea cayó de 1.83 billones a 1.74 billones de pesos, impulsada por una mayor aversión al riesgo global, las agresivas políticas comerciales de Donald Trump –recién regresado a la presidencia– y la reducción de la tasa de referencia de Banxico (de 10% a 7.25%), que hizo menos atractivos los bonos mexicanos frente a otros mercados.
Esta hemorragia financiera no es solo un número en los reportes del banco central: tiene rostros y familias concretas. Apenas el 16 de enero de 2026, General Motors confirmó el despido de cerca de 1,900 trabajadores en su planta de Ramos Arizpe, Coahuila, al reducir la operación a un solo turno por menor demanda de vehículos eléctricos, incluyendo modelos como el Prologue. Testimonios desgarradores recogidos por medios locales describen escenas de llanto en Recursos Humanos: trabajadores con récords impecables de puntualidad fueron llamados uno por uno y notificados que “ya no eran requeridos”. “Se siente bien mal… nada más de repente nos nombraron y nos dijeron que se acabó el trabajo”, relató una exempleada. El Gobierno de Coahuila ya prepara ferias de empleo con miles de vacantes, pero la incertidumbre reina en una región donde GM es pilar económico.
Este megadespido llega paradójicamente días después de que GM anunciara una inversión superior a mil millones de dólares en México para 2026-2027, destinada a fortalecer la manufactura y la competitividad. Sin embargo, Ramos Arizpe –la planta más grande del complejo– no parece beneficiarse directamente, lo que genera dudas sobre si se trata de un ajuste temporal o un replanteamiento profundo ante la transición a la electrificación y las presiones externas.
En medio de esta tormenta, la presidenta Claudia Sheinbaum actuó rápido: el 17 de enero convocó en Palacio Nacional a un grupo de economistas de renombre –como Gerardo Esquivel, Juan Carlos Moreno Brid, Gabriela Dutrénit y otros– junto a su gabinete económico clave: Marcelo Ebrard (Economía), Juan Ramón de la Fuente (Relaciones Exteriores), Edgar Amador (Hacienda) y más. El objetivo declarado: dialogar sobre el crecimiento y la fortaleza económica con visión de bienestar, prosperidad compartida y justicia social, todo en preparación para la revisión del T-MEC programada para julio de 2026.
El contexto es explosivo. Trump ha minimizado el tratado, afirmando que Estados Unidos “no necesita” el T-MEC, que es “irrelevante” y que sólo México y Canadá lo requieren, mientras presiona por aranceles y el retorno de producción a EU. Sus declaraciones han avivado la volatilidad en los mercados y recordado los temblores de su primer mandato. Fuentes oficiales y analistas coinciden en que la reunión de Sheinbaum es una respuesta estratégica: fortalecer la posición negociadora de México, priorizar nearshoring, energías renovables y reglas de origen, y evitar que la revisión derive en rupturas o concesiones forzadas.
Verificando con múltiples perspectivas –desde La Jornada y El Financiero hasta LatinUS y Reforma–, el panorama es mixto: optimismo gubernamental en la capacidad de negociación, pero advertencias de expertos sobre riesgos si las tensiones con Trump escalan. La deuda pública total ronda los 14 billones de pesos (alrededor del 50% del PIB), y la salida de capitales podría agravarse si no hay rebote en las entradas.
Escenario de corto plazo (próximos seis meses hasta julio): Si las negociaciones avanzan con avances concretos –apoyados en inversiones anunciadas y una agenda proactiva–, podría haber estabilización del peso y retorno parcial de capitales. Pero un endurecimiento trumpista (aranceles del 25% o más) aceleraría salidas, forzará alzas temporales de tasas en Banxico y golpearía el empleo en sectores exportadores como el automotriz. Un PIB con caída de 1-2% no es descabellado en el peor caso, afectando consumo y familias ya golpeadas por despidos como los de Ramos Arizpe.
Esta crisis es un doble golpe: macroeconómico y humano. Mientras Palacio Nacional arma estrategias para blindar el T-MEC y promover el bienestar, eventos como el de GM recuerdan que la volatilidad global golpea primero a los trabajadores de a pie. Sheinbaum ha enfatizado la prosperidad compartida, pero estos despidos masivos exigen respuestas urgentes: no sólo ferias de empleo, sino políticas que protejan el empleo formal en industrias clave, que amortigüen shocks y eviten que la “fortaleza económica” quede en retórica.
México no puede depender solo de flujos volátiles ni de tratados bajo amenaza. La reunión del 17 de enero es un paso audaz, pero el verdadero desafío será traducir el diálogo en acciones concretas antes de julio.
¿Sobreviviremos al vendaval trumpista sin dejar a miles en el camino? El tiempo –y las familias de Ramos Arizpe– lo dirán.












