El lado oscuro de la energía solar: estamos creando una montaña de basura de 250 millones de toneladas

La transición energética está ocurriendo a una velocidad sin precedentes. Según el último informe de la IEA-PVPS, solo en 2024 se instalaron 601 GW de potencia solar en el mundo, alcanzando un total acumulado de 2,2 TW. Sin embargo, este éxito esconde una paradoja ambiental. Como advierte la investigadora Rabia Charef en The Conversation, estamos instalando el futuro sobre una montaña de basura potencial que, por diseño, es un «sándwich de resistencia industrial» casi imposible de separar.
El diseño del «sándwich»: una trampa de durabilidad. Para que un panel soporte granizo, nieve y vientos durante 30 años, se construye apilando capas de vidrio, silicio y polímeros sellados con adhesivos tan potentes que los convierten en una unidad única. Según explica Charef, esta virtud es también su condena, ya que al final de su vida útil la separación de materiales es tan costosa que la mayoría termina en el vertedero.
No es un problema menor. Ya en 2016, los informes del IRENA advertían que para 2050 los residuos solares podrían sumar 250 millones de toneladas, lo que supondría el 10% de toda la basura electrónica del planeta.
China y el «veneno» de la sobreproducción. El reloj de esta crisis se ha acelerado debido a la geopolítica. China domina el 90% de la capacidad global de células solares y en este afán por liderar el sector, el gigante asiático fabricó 588 GW el año pasado, doblando la demanda mundial.
Esta inundación de paneles baratos ha hundido los precios y ha provocado pérdidas millonarias, pero también ha creado un incentivo perverso: es tan barato comprar un panel nuevo que reparar uno viejo no parece rentable. El analista Bo Zhengyuan explica que ese «espíritu animal» que hizo triunfar a la industria china ahora la está asfixiando, llenando el mundo de equipos que morirán en dos décadas sin un plan de salida.
El laboratorio de la saturación. Por su parte, otro de los problemas que se comete es olvidarse de lo fundamental como ocurre en España. El país batió récords el verano pasado generando más de 10.500 GWh mensuales de sol y viento, pero el sistema no aguanta. España desperdicia ya el 7% de su energía limpia por falta de redes y almacenamiento.
«El error no fue poner paneles, sino olvidarse de las redes», cita un ejecutivo en el Financial Times. Esta falta de inversión ha hundido el valor de los parques solares un 30% en solo un año, forzando «ventas de liquidación» (fire sales). Si las empresas que gestionan estas plantas quiebran o pierden rentabilidad, ¿quién se hará cargo de los millones de paneles cuando dejen de funcionar?
El límite del reciclaje actual: triturar no es recuperar. Hoy en día, el reciclaje es decepcionante. Como denuncia The Conversation, la mayoría de las plantas se limitan a triturar los paneles para recuperar aluminio y vidrio de bajo valor. En el proceso se pierde el verdadero tesoro: la plata, el cobre y el silicio de alta pureza.
La plata, aunque solo representa el 0,14% del peso del panel, supone el 40% de su valor material. Al triturarse, este metal se pulveriza y se mezcla con impurezas, haciéndolo irrecuperable. Según las fuentes, estamos tirando a la basura un valor económico estimado en 15.000 millones de dólares para 2050.
Aunque hay brotes de esperanza. A pesar del panorama, la tecnología está intentando alcanzar al problema:
- Recuperación de Plata: Investigadores de la Universidad de Camerino (Italia) han desarrollado una técnica de hidrometalurgia que recupera el 99% de la plata pura sin usar químicos agresivos.
- El hito del panel 100% reciclado: El gigante chino Trina Solar ha logrado crear el primer panel de silicio cristalino totalmente reciclado. Aunque su eficiencia (20,7%) es algo menor a la de uno nuevo (25%), demuestra que la circularidad es posible y que el rendimiento del material reciclado ya es totalmente competitivo frente a los estándares actuales de la industria.
- Plantas de vanguardia en España y EEUU: Mientras en Estados Unidos la empresa SolarCycle busca recuperar el 99% de los materiales fotovoltaicos; en España, el proyecto CERFO en Teruel se posiciona como pionero europeo en la recuperación de silicio, un componente históricamente difícil de reciclar.
Reparar antes que reciclar: el «Revamping». Antes de que el panel llegue a la planta de reciclaje, existe una opción más sostenible: el revamping. Un estudio de la Universidad de Castilla-La Mancha demuestra que renovar componentes específicos de una planta solar puede maximizar la producción y rentabilidad sin necesidad de un desmantelamiento total.
En Japón, la startup Girasol Energy ha logrado restaurar el sistema solar más antiguo del país (de 1994), aspirando a que funcione durante 50 años mediante el uso de Big Data para identificar fallos pieza por pieza sin reemplazar todo el equipo.
Pasaportes digitales y diseño modular. La solución definitiva podría venir de la regulación. La Unión Europea implementará a partir de 2027 el Pasaporte Digital de Productos (DPP). Como explica la fuente de la UE, este documento permitirá conocer el origen, los materiales y las instrucciones de desmontaje de cada panel. Este pasaporte, junto a los «gemelos digitales» mencionados en The Conversation, permitirá a los técnicos monitorizar el rendimiento en tiempo real y saber exactamente cómo separar el «sándwich» de materiales sin destruirlos.
Ante la paradoja solar. La energía solar es imprescindible para frenar el calentamiento global, pero no puede ser «limpia» si su final es sucio. La industria se enfrenta ahora a su mayor examen: rediseñar los paneles no solo para que atrapen el sol, sino para que, cuando llegue su última puesta de sol, no dejen tras de sí una herencia de cristal y plástico que las futuras generaciones no puedan gestionar.
Imagen | Freepik





