Ultimas Noticias

México: El Salvavidas Petrolero de un Régimen Agonizante, Desafiando a Trump en su Propio Patio Trasero

En un mundo donde la geopolítica se mide en barriles de crudo, México bajo el gobierno de Morena se ha convertido en el improbable y criticable proveedor estrella de petróleo para Cuba, justo cuando Donald Trump, en su segundo mandato, lanza amenazas que podrían encender una nueva Guerra Fría en el hemisferio occidental. Este fin de semana, el presidente estadounidense no escatimó en mayúsculas para advertir: «NO HABRÁ MÁS PETRÓLEO NI DINERO PARA CUBA – ¡CERO! Les recomiendo firmemente que hagan un trato ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE». 

Palabras que resuenan como un ultimátum no solo a La Habana, sino también a México, cuyo flujo de hidrocarburos hacia la isla comunista ha escalado dramáticamente desde la llegada de Andrés Manuel López Obrador y su sucesora, Claudia Sheinbaum. ¿Humanitarismo o subsidio ideológico? ¿Soberanía o provocación innecesaria? La realidad es que esta «ayuda» expone a México a un conflicto diplomático inminente, mientras el país lidio con sus propias crisis energéticas y económicas. Desde que Morena asumió el poder en 2018, los envíos de petróleo y derivados a Cuba han marcado un antes y un después en la relación bilateral. Bajo López Obrador, los volúmenes promediaron entre 16,000 y 20,000 barriles diarios (bpd) en picos, superando con creces los 10,000-12,000 bpd de las administraciones previas del PRI y PAN. 

Sheinbaum, en su incipiente mandato, ha mantenido e incluso intensificado esta dinámica: solo en los primeros nueve meses de 2025, México exportó 19,200 bpd a Cuba –17,200 de crudo y 2,000 de refinados–, posicionándose como el principal proveedor tras el colapso venezolano. 

La presidenta mexicana insiste en que estos no son «envíos extras», sino contratos históricos o ayuda humanitaria, pero los datos independientes de rastreo naval, como los de Kpler y el Energy Institute de la Universidad de Texas, pintan un panorama de subsidios implícitos que superan los 500 millones de dólares anuales. 

Mientras Pemex acumula deudas y México importa gasolina para sus propias necesidades, ¿es ético regalar barriles a un régimen que reprime a su pueblo? Esta generosidad, disfrazada de solidaridad latinoamericana, contrasta con las condonaciones puntuales de deudas pasadas bajo PRI y PAN, que nunca alcanzaron esta escala sostenida. La posición de Estados Unidos, bajo Trump, es cristalina y endurecida: el embargo a Cuba, vigente desde 1960, se ha intensificado con la captura de Nicolás Maduro y el control estadounidense sobre el petróleo venezolano –que antes suministraba hasta 35,000 bpd a la isla. 

Trump no solo corta el flujo venezolano, sino que presiona por un «trato» indefinido, posiblemente involucrando concesiones políticas o económicas a cambio de alivio. 

Congresistas republicanos como Carlos Giménez ya amenazan con «consecuencias serias» para México, vinculando los envíos a la renegociación del USMCA en julio próximo. 

Washington ve en estos barriles no solo combustible, sino apoyo indirecto a un «eje del mal» que incluye a Rusia, que envía unos 7,500 bpd residuales. 

La retórica trumpiana, que califica a Cuba como una nación «fallida» lista para «caer», evoca intervencionismo histórico, recordando invasiones pasadas como Bahía de Cochinos. 

El escenario político inmediato es un polvorín. Con Trump en la Casa Blanca y su advertencia fresca del domingo, México podría enfrentar sanciones secundarias bajo la Ley Helms-Burton, que penaliza a terceros por comerciar con Cuba. 

Sheinbaum, desafiante, afirma que «nadie dicta lo que hacemos», pero el riesgo es real: tensiones en la frontera, retrasos en remesas o incluso un boicot comercial que afecte a industrias mexicanas dependientes de EE.UU. 

Cuba, por su parte, responde con bravata –su presidente Miguel Díaz-Canel jura defenderse «hasta la última gota de sangre»–, pero sin Venezuela, depende cada vez más de México, lo que podría forzar a La Habana a negociar con Washington o colapsar en apagones masivos. 

Para México, este desafío ideológico podría costar caro: ¿vale la pena subsidiar a un aliado en declive cuando Trump, con su «América Primero», no dudará en apretar el gatillo económico? En última instancia, estos envíos resaltan una contradicción flagrante en la política morenista: predicar soberanía mientras se gasta en causas externas, ignorando las necesidades internas. Trump ha lanzado el guante; México, ¿lo recogerá o se arrepentirá? El reloj geopolítico avanza, y el petróleo, como siempre, dicta el ritmo.

Mostrar más
Botón volver arriba