FARDEROS, IMPUNIDAD Y UN MUERTO: LA FARSA DE LA “SEGURIDAD” EN CUAUTITLÁN IZCALLI

De acuerdo con la información oficial, el sujeto fue sorprendido robando mercancía y al ser confrontado por dos vigilantes, ambos desarmados, los atacó con un arma blanca. Uno murió ahí mismo, en el área de cajas; el otro quedó gravemente herido y fue trasladado a un hospital. El delincuente huyó, protegido por el resto de su grupo, como si nada hubiera pasado.
Staff
Mientras el gobierno municipal de Cuautitlán Izcalli y el Gobierno del Estado de México presumen en comunicados y conferencias que la delincuencia va a la baja, la realidad volvió a imponer su propia versión: un vigilante fue asesinado dentro de un supermercado, a plena vista de clientes y trabajadores, por un delincuente que operaba con total impunidad.
El crimen ocurrió la noche del sábado en la tienda Soriana ubicada sobre la avenida Jorge Jiménez Cantú, en el Centro Urbano de Izcalli. El agresor no fue un improvisado. Era parte de los llamados “farderos”, grupos organizados que roban mercancía en supermercados y que, pese a ser ampliamente identificados por las autoridades y por las propias cadenas comerciales, siguen operando sin que nadie los toque.
De acuerdo con la información oficial, el sujeto fue sorprendido robando mercancía y al ser confrontado por dos vigilantes, ambos desarmados, los atacó con un arma blanca. Uno murió ahí mismo, en el área de cajas; el otro quedó gravemente herido y fue trasladado a un hospital. El delincuente huyó, protegido por el resto de su grupo, como si nada hubiera pasado.
Este no fue un hecho aislado ni una casualidad trágica. Es la consecuencia directa de una política de tolerancia, omisión y simulación frente a bandas que llevan años saqueando tiendas, intimidando empleados y burlándose de la autoridad. En Izcalli, como en otros municipios del Valle de México, los farderos son conocidos por policías, gerentes y autoridades… pero siguen libres.
La pregunta es brutal:
¿Cómo puede el gobierno presumir que baja la delincuencia cuando dentro de un centro comercial un trabajador es asesinado por un ladrón que ya estaba identificado?
Aquí no falló la víctima. No falló la tienda. Falló el Estado.
Falló la prevención. Falló la vigilancia. Falló la persecución del delito. Y falló, sobre todo, la voluntad política para enfrentar a grupos criminales que operan a la vista de todos.
Mientras las autoridades presumen estadísticas “a la baja”, en Cuautitlán Izcalli los delincuentes entran, roban, apuñalan y huyen sin que nadie los detenga. La seguridad no se mide en gráficas, se mide en vidas. Y una ya se perdió por culpa de la impunidad.
Hoy una familia quedó enlutada, un trabajador murió haciendo su labor y un grupo de criminales sigue libre.
Esa es la verdadera fotografía de la “seguridad” que el gobierno presume












