Opinión

POR: EL HUSMEADOR


La Caída de Maduro No Rompió las Cadenas: La Dictadura Chavista Sigue Viva y Más Represiva que Nunca

El 3 de enero de 2026, en una operación militar audaz denominada «Determinación Absoluta», fuerzas estadounidenses irrumpieron en Caracas, bombardearon objetivos estratégicos y capturaron al presidente Nicolás Maduro junto a su esposa Cilia Flores. Trasladados de inmediato a Nueva York, ambos enfrentan cargos por narcoterrorismo, tráfico de drogas y armas ante un tribunal federal, donde se declararon no culpables el 5 de enero. Donald Trump anunció que Estados Unidos tomaría el control temporal del país para garantizar una «transición segura», mientras la vicepresidenta Delcy Rodríguez juró como presidenta interina ante la Asamblea Nacional chavista, calificando la acción como un «secuestro» y una «agresión imperialista». Sin embargo, cinco días después —el 8 de enero de 2026—, la euforia inicial por la salida de Maduro se ha disipado en un panorama de mayor control y terror. La remoción del líder no ha significado el fin del régimen chavista: la estructura de poder permanece intacta, con figuras clave del aparato represivo ejerciendo un control férreo sobre las instituciones, las fuerzas armadas y las calles. Diosdado Cabello, el nuevo amo del terror. El ministro del Interior, Diosdado Cabello —considerado durante años el «número dos» del chavismo y cerebro detrás de la represión sistemática—, ha emergido como la figura dominante en este vacío. Desde el día de la captura, Cabello ha condenado el ataque como «criminal y terrorista», cifró en 100 los muertos (incluyendo civiles) y llamó abiertamente a los colectivos armados a movilizarse con consignas como “Alerta, alerta, los motorizados alerta”. Videos difundidos en redes muestran patrullajes de motorizados armados gritando lemas de lealtad chavista, mientras advierte que cualquier celebración de la captura será perseguida. Grupos de derechos humanos y periodistas reportan un aumento drástico en la represión: controles en buses y calles, revisiones de teléfonos en busca de mensajes «contrarios», interrogatorios a ciudadanos y una cacería selectiva contra quienes expresan alegría por la caída de Maduro. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) ha denunciado ataques a la libertad de expresión, y analistas como el exembajador estadounidense James Story advierten que Cabello actúa como «principal saboteador» del gobierno interino de Rodríguez, movilizando colectivos para infundir miedo y evitar protestas opositoras. Los colectivos. 

Estos grupos paramilitares, leales al chavismo y financiados históricamente por el Estado, han resurgido con fuerza. Temidos por su historial de violencia, extorsiones y ejecuciones extrajudiciales, ahora patrullan barrios y avenidas bajo órdenes directas de Cabello. Expertos coinciden en que su despliegue inhibe cualquier movilización ciudadana: «La gente no sale a la calle por miedo a los colectivos y a Diosdado Cabello, porque él puede lanzarlos contra la población», señaló Story. Mientras tanto, el ministro de Defensa Vladimir Padrino López mantiene el control de las Fuerzas Armadas, asegurando que el aparato militar no se fracture. 

La captura de Maduro representa un golpe táctico espectacular para Washington, pero no un cambio de régimen real. Como advierten analistas internacionales, quitar a Maduro «no implica que llegue la democracia»: el ecosistema chavista —con sus redes de poder, corrupción y control social— sobrevive y se adapta. Delcy Rodríguez gobierna bajo la sombra de Cabello y Padrino, mientras la oposición (incluyendo a María Corina Machado) observa con cautela, exigiendo liberación de presos políticos y fin de la represión como condición para cualquier diálogo. Venezuela vive un limbo peligroso: la intervención estadounidense ha generado condena internacional por violar la soberanía, divisiones internas entre chavistas leales y oportunistas, y un terror renovado en las calles. 

La dictadura no cayó con Maduro; simplemente cambió de rostro. Mientras Cabello y los colectivos siembran miedo, la libertad prometida sigue siendo solo un espejismo lejano.

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