Europa tenía pocas opciones ante la amenaza de EEUU en Groenlandia. Hasta que Alemania ha recordado a Rusia con un plan inédito
La creciente presión de Estados Unidos para hacerse con Groenlandia ha transformado una cuestión hasta ahora latente en un problema político y estratégico de primer orden para Europa y la OTAN, al situar por primera vez de forma explícita el riesgo de un choque interno entre aliados. Se sabía de la existencia de un par de opciones sobre la mesa como defensa.
Alemania acaba de presentar otra inédita.
Una crisis inédita. La insistencia de la administración estadounidense en presentar el control de la isla como una necesidad de seguridad nacional, acompañada de una retórica cada vez más dura, ha obligado a los socios europeos a reaccionar no solo en defensa de la soberanía de Dinamarca y del derecho de autodeterminación de Groenlandia, sino también para proteger la credibilidad de una alianza diseñada precisamente para evitar que la fuerza se imponga entre sus miembros.
El problema no es únicamente territorial, sino sistémico, porque plantea hasta qué punto la OTAN puede gestionar una crisis provocada desde dentro sin erosionar sus propios cimientos.
Alemania y la respuesta aliada. Ante la dificultad de confrontar directamente a Washington, Berlín ha emergido como el actor encargado de articular una salida que combine firmeza política y contención estratégica. Alemania ha optado por canalizar la respuesta a través de la OTAN. ¿Cómo? Proponiendo una misión conjunta en el Ártico que permita reforzar la seguridad regional sin convertir el conflicto en un pulso bilateral entre Estados Unidos y Dinamarca.
La iniciativa busca ganar tiempo, rebajar tensiones y ofrecer una alternativa institucional que encuadre las preocupaciones estadounidenses dentro de una lógica colectiva, al tiempo que envía una señal clara de que la soberanía groenlandesa no es negociable. Este papel alemán refleja una apuesta por la gestión multilateral del conflicto y por evitar que la crisis derive en una fractura abierta dentro de la alianza.

Del Báltico al Ártico. La propuesta alemana toma como referencia directa la operación Baltic Sentry, lanzada para proteger infraestructuras críticas en el mar Báltico frente a sabotajes y actividades encubiertas vinculadas a Rusia y su flota fantasma. La idea es replicar ese esquema en el Ártico mediante una hipotética misión “Arctic Sentry”, que incluiría a Groenlandia y permitiría aumentar la vigilancia, la presencia naval y la coordinación aliada en una región cada vez más disputada.
Este enfoque tiene una doble función: por un lado, responder a las preocupaciones de seguridad esgrimidas por Washington sobre la presencia rusa y china en el Ártico, y por otro, evitar que esas preocupaciones se utilicen como pretexto para una acción unilateral. Convertir el Ártico en un espacio de gestión colectiva busca desactivar la narrativa de vacío de seguridad que alimenta las aspiraciones estadounidenses.
La sombra del Artículo 4. Aunque todavía no se ha activado formalmente, la idea de invocar el Artículo 4 del tratado de la OTAN, que prevé consultas cuando un aliado percibe una amenaza a su integridad territorial o seguridad, ha ganado peso en los debates diplomáticos. La mera posibilidad de que Dinamarca recurra a este mecanismo refleja la gravedad de la situación y el nerviosismo creciente en las capitales europeas.
Invocar el Artículo 4 no implicaría una respuesta militar automática, pero sí forzaría a la alianza a abordar de frente una crisis interna que muchos preferirían gestionar en silencio. El temor subyacente es que, si no se encauza institucionalmente, el conflicto siente un precedente peligroso que normalice la presión entre aliados y vacíe de contenido los principios fundacionales de la OTAN.

Diplomacia, disuasión y límites. Más allá de la dimensión militar, la Unión Europea ha explorado opciones diplomáticas y económicas para contener a Estados Unidos, desde el refuerzo del diálogo político hasta la amenaza teórica de instrumentos de presión comercial. Sin embargo, la dependencia europea de la tecnología, la defensa y el paraguas de seguridad estadounidense reduce de forma drástica la credibilidad de estas herramientas.
Las sanciones económicas, aunque potentes sobre el papel, se perciben como poco realistas en un contexto marcado por la guerra en Ucrania y la necesidad de mantener a Washington comprometido con la seguridad europea. Este desequilibrio refuerza la idea de que la vía más viable pasa por ofrecer soluciones de seguridad compartida, como la misión ártica propuesta, antes que por un enfrentamiento directo que Europa difícilmente podría sostener.
Groenlandia como autonomía. La dimensión económica añade otra capa de complejidad al conflicto, ya que Groenlandia depende en gran medida de las transferencias danesas y observa con cautela las promesas estadounidenses de inversión masiva. Desde Bruselas se estudia aumentar el apoyo financiero europeo para evitar que la isla quede atrapada en una relación de dependencia con Washington, especialmente ante la perspectiva de una futura independencia.
Este esfuerzo no solo busca contrarrestar la influencia económica estadounidense, sino también preservar el modelo social y político que los groenlandeses podrían querer mantener. En este contexto, la crisis revela que la batalla por Groenlandia no se libra únicamente en el terreno militar, sino también en el de la inversión, la legitimidad y la proyección de poder blando.
Una prueba de estrés. En conjunto, la presión estadounidense sobre Groenlandia ha expuesto las tensiones internas de una OTAN diseñada para disuadir amenazas externas, no para gestionar ambiciones territoriales de uno de sus miembros. La iniciativa alemana de trasladar el problema al terreno de la seguridad colectiva, inspirándose en el modelo del Báltico, es un intento de preservar la cohesión aliada y evitar una crisis existencial.
Con todo, el simple hecho de que se barajen mecanismos como el Artículo 4 evidencia hasta qué punto la alianza se enfrenta a un escenario sin precedentes, uno en el que la unidad ya no depende solo de frenar a adversarios externos, sino de contener las pulsiones de poder dentro de sus propias filas.
Imagen | Program Executive Office Soldier, patano, Ministry of Defence of the Russian Federation









