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🚨 #ColumnaMÉXICODEMIS HORRORES Factor TelevisiónOpinión11/01/2026

LA LLAVE DE NUESTRA CASA ENTREGADA AL LOBO

Autor: Frank Arellano

En este México de ocurrencias que cuestan vidas y libertades, el horror ha escalado un peldaño más. La obsesión del gobierno de Claudia Sheinbaum por el control absoluto nos ha llevado a un escenario distópico: la entrega obligatoria de nuestros datos biométricos. Pero el verdadero «horror» no es solo la vigilancia, sino la criminal negligencia con la que han construido la base de datos.
Desde el primer minuto, la plataforma de registro ha demostrado ser un colador. Resulta indignante que, con una simple inspección del código fuente en el navegador, cualquier persona pueda extraer un archivo JSON con el nombre, RFC, CURP y correo electrónico de un usuario de Telcel. Sin contraseñas, sin protocolos, sin rastro. Han dejado nuestra identidad en la calle, desnuda y a la mano de cualquier delincuente con una conexión a internet.
Este descuido no es solo una «falla técnica»; es una violación flagrante a la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de Particulares y su homóloga para sujetos obligados. Según el marco legal vigente, el Estado tiene el deber ineludible de establecer medidas de seguridad físicas y técnicas para evitar el acceso no autorizado. Lo que estamos viendo hoy es una causa de responsabilidad administrativa y penal severa.
Bajo la ley mexicana, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (INAI) tendría que estar interviniendo de oficio para sancionar este atropello. Sin embargo, en el «México de mis horrores», las instituciones que deberían protegernos están bajo asedio o capturadas.
La gravedad es inaudita:
Vulneración del Principio de Seguridad: El Estado falló en garantizar la integridad de los datos.
Exposición al Robo de Identidad: Con el RFC y la CURP expuestos, la puerta para fraudes financieros está abierta de par en par.
Irresponsabilidad Política: Se les advirtió. Expertos, activistas y ciudadanos señalaron que centralizar esta información era un riesgo nacional. No escucharon.
Nos obligaron a darles nuestras huellas y nuestro rostro bajo la promesa de «seguridad», y lo primero que hicieron fue perder las llaves de la caja fuerte. En este México, el horror no es que te vigilen, sino que te entreguen, por incompetencia, en bandeja de plata a la delincuencia.

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