POR: EL HUSMEADOR

La ‘Baja Milagrosa’ en Homicidios: ¿Realidad o Maquillaje Político de Sheinbaum?
En su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum no escatimó en elogios hacia su propia administración. Con gráficos en mano y un tono triunfal, anunció que los homicidios dolosos en México han caído un impresionante 40% entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025, marcando el nivel más bajo desde 2016. Según ella, este logro es fruto de una «estrategia de seguridad que va dando resultados», con detenciones masivas y decomisos de armas como prueba irrefutable. Pero, ¿es esto un avance genuino o solo un ejercicio de autopromoción que ignora la cruda realidad que viven millones de mexicanos? Como columnista, me veo obligado a cuestionar: ¿dónde está la transparencia cuando las cifras oficiales chocan con la evidencia en las calles? No es la primera vez que un gobierno mexicano presume de victorias en materia de seguridad basadas en datos propios. Sheinbaum, heredera directa del estilo de su predecesor Andrés Manuel López Obrador, repite el guión: enfatizar reducciones porcentuales para pintar un panorama optimista. Sin embargo, un análisis más profundo revela grietas profundas en esta narrativa.
Fuentes independientes, como el análisis de CNN Español, destacan que mientras el promedio nacional parece mejorar, regiones como Sinaloa han visto un aumento explosivo del 102.79% en homicidios durante el primer año de su mandato.
¿Cómo se explica que el país celebre una «baja histórica» cuando estados enteros siguen sumidos en la violencia cartelera, con guerras internas que dejan cuerpos en las carreteras y comunidades aterrorizadas? La crítica no se detiene en lo regional. Organizaciones como Letras Libres han señalado que, aunque los homicidios dolosos reportados bajan, otros delitos contra la vida como feminicidios, desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales muestran una tendencia al alza, representando hasta el 74% de los crímenes violentos en los primeros trimestres de Sheinbaum.
Esto sugiere una posible reclasificación de casos para embellecer las estadísticas: un homicidio que no se etiqueta como «doloso» mágicamente desaparece de las cuentas triunfales. ¿Coincidencia? Difícil de creer, especialmente cuando columnistas como Marcelo Torres en Milenio acusan al gobierno de «manipular las cifras» para convencer a la opinión pública de que México es un paraíso de paz, mientras la extorsión, el secuestro y la violencia de género siguen rampantes.
Incluso el debate metodológico es alarmante. Publicaciones como Re-evolución cuestionan la validez de estas estadísticas oficiales, argumentando que responden más a necesidades políticas que a una medición rigurosa.
El subregistro es un problema crónico en México: miles de víctimas no denuncian por miedo o desconfianza en las autoridades, y las fiscalías estatales de las que dependen estos datos están bajo presión para entregar números «positivos». Sheinbaum defiende sus cifras con vehemencia, como lo hizo tras los asesinatos de figuras públicas en noviembre de 2025, pero ¿por qué no invita a auditorías independientes del INEGI o de ONG internacionales para validar su «éxito»? Al final, esta supuesta baja del 40% huele a propaganda más que a progreso. México necesita una estrategia de seguridad real, no cosmética: una que aborde las raíces de la violencia, como la corrupción en las fuerzas armadas, la impunidad rampante y la infiltración del narco en instituciones. Sheinbaum puede seguir presumiendo en sus mañaneras, pero mientras las familias sigan enterrando a sus muertos y las calles se tiñan de rojo en estados olvidados, su «triunfo» no será más que un espejismo. Es hora de exigir cuentas, no aplausos.












