REGRESA EL GUSANO BARRENADOR Y EL GOBIERNO VOLTEA A VER LA CARNE, NO EL ORIGEN DEL PROBLEMA

La reaparición del parásito, erradicado por décadas en México, exhibe el costo de decisiones federales fallidas; ahora el Edoméx reacciona con inspecciones tardías
Fernanda Ruíz
La reaparición del gusano barrenador en el país, un parásito que México logró erradicar durante décadas con inversión, controles sanitarios y cooperación internacional, no es un fenómeno casual ni aislado. Es la consecuencia directa de una política sanitaria laxa y de fronteras abiertas al ganado infectado durante la pasada administración federal encabezada por el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, que permitió el ingreso de reses procedentes de Centro y Sudamérica sin los controles suficientes.
Hoy, el problema ya no está confinado al sur del país. Se ha extendido a buena parte del territorio nacional, afectando no solo al ganado bovino, sino también a perros, aves, cabras y otros animales, con el riesgo latente de impactos económicos, sanitarios y de bienestar animal. Sin embargo, frente a un problema de origen estructural, las autoridades estatales parecen optar por una respuesta parcial y reactiva.
El anuncio del Gobierno del Estado de México de intensificar supervisiones en rastros municipales, a través de la Coprisemex, evidencia más una estrategia de control administrativo que una política integral de contención. Se inspecciona la carne, se revisan procesos y se capacita personal, pero poco se dice sobre el verdadero origen del brote, la trazabilidad del ganado y la falta de una coordinación nacional efectiva para frenar la propagación del parásito.
La Secretaría de Salud estatal insiste en que no existen casos en humanos y que el gusano barrenador no se transmite por el consumo de carne. El mensaje busca tranquilizar, pero omite el fondo del problema: el parásito no debió regresar nunca. La erradicación se perdió, y con ella, años de avances sanitarios que hoy se diluyen entre comunicados oficiales y operativos mediáticos.
Mientras las autoridades descartan riesgos mayores y llaman a no “difundir información no verificada”, productores pecuarios y especialistas advierten que el daño ya está hecho. El país enfrenta nuevamente un problema que creía superado, y que ahora amenaza la sanidad animal, la economía rural y la credibilidad de las políticas públicas en materia agropecuaria.
El gusano barrenador no volvió por descuido local ni por fallas en los rastros municipales. Volvió porque se debilitó la vigilancia federal, se relajaron los controles de importación y se priorizó el discurso político sobre la técnica sanitaria. Hoy, en lugar de reconocer errores y atacar la raíz del problema, se opta por supervisar la carne, como si el parásito se hubiera gestado en los rastros y no en las decisiones tomadas desde el poder central.
La pregunta queda abierta: ¿bastarán las inspecciones y los recorridos oficiales para contener un problema que nació de políticas fallidas, o el país seguirá pagando el costo de haber bajado la guardia sanitaria por razones ideológicas?












