Estrategia de seguridad: cifras oficiales frente a una realidad extorsionada.

Mientras el gobierno estatal presume una baja histórica en delitos, comunidades del Estado de México viven bajo el cobro criminal
Staff
Toluca, Estado de México.El Gobierno del Estado de México asegura que la estrategia de seguridad ha dado resultados y qué 2025 cerró con el nivel más bajo de víctimas de homicidio desde 2018. Sin embargo, en municipios como Villa Victoria y Valle de Bravo, la población afirma vivir una realidad completamente distinta, marcada por la extorsión sistemática, el control criminal y la ausencia efectiva de la autoridad.
Lejos de los informes presentados en las Mesas de Paz, habitantes de estas regiones aseguran que la delincuencia no solo opera con impunidad, sino que regula aspectos básicos de la vida cotidiana.
“Aquí se paga hasta por no usar gas”.En diversas comunidades rurales y semiurbanas, los grupos criminales controlan la distribución de gas doméstico. La imposición llega a niveles insólitos: familias que instalan calentadores solares para reducir gastos son obligadas a pagar cuotas.
“Si ponemos calentador solar nos dicen que ya no vamos a consumir gas, y por eso tenemos que pagarles. Aquí no es opción ahorrar, porque todo se paga”, relata un habitante de Villa Victoria, quien pidió omitir su nombre por temor a represalias.
La extorsión, aseguran los pobladores, no distingue entre comerciantes, campesinos o amas de casa.
Celebrar también cuesta, la vida comunitaria y las tradiciones tampoco escapan al control criminal. Fiestas patronales, eventos religiosos y celebraciones familiares requieren un pago previo para evitar hechos violentos.
“Si vas a hacer una fiesta, te avisan que tienes que cooperar para que no pase nada. Si no pagas, ya sabes que puede haber problemas”, comenta un vecino de Villa Victoria.
En muchos casos, los organizadores prefieren cancelar eventos antes que exponerse, lo que ha ido apagando la vida social y cultural de varias comunidades.
El silencio como mecanismo de supervivencia, aunque la autoridad presume una reducción del 25 por ciento en delitos de alto impacto, los ciudadanos aseguran que la extorsión rara vez se denuncia.
“¿Denunciar? ¿Con quién? Si todos saben quiénes son, pero nadie hace nada. Mejor pagas y sigues vivo”, afirma un pequeño comerciante de la región.
El miedo, coinciden los testimonios, se ha convertido en una forma de control más eficaz que las armas.Paz en los informes, miedo en las comunidades, mientras la gobernadora Delfina Gómez Álvarez sostiene que la estrategia de seguridad ha devuelto la paz al Estado de México, la población se pregunta en qué territorio se reflejan esos logros.
“Aquí no vemos patrullas, vemos a los que cobran. Esa es la autoridad real”, resume un habitante de la zona norte del estado. La distancia entre las cifras oficiales y la experiencia ciudadana deja una pregunta abierta: ¿de qué sirve una baja estadística si la gente sigue pagando para trabajar, celebrar o simplemente vivir?.
La deuda pendiente, la estrategia de seguridad podrá mostrar avances en homicidios, pero mientras la extorsión continúe normalizada y el control territorial permanezca intacto, la paz seguirá siendo un discurso lejano para miles de mexiquenses.
Porque la seguridad no se mide solo en números, sino en la libertad de vivir sin miedo, algo que hoy, en amplias regiones del Estado de México, sigue siendo un privilegio inexistente.












