Opinión

POR: EL HUSMEADOR

La Soberanía Mexicana en la Mira: Sheinbaum Frente a las Amenazas de Trump 

En un mundo donde las fronteras parecen cada vez más porosas ante las ambiciones geopolíticas, la presidenta Claudia Sheinbaum ha erigido un muro inquebrantable: el de la soberanía nacional. Ante las recientes declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha insinuado extender operaciones militares contra el narcotráfico hacia México similar a la controvertida intervención en Venezuela que culminó con la captura de Nicolás Maduro, Sheinbaum ha sido clara y contundente: «No es una opción». 

Esta postura no sólo reafirma los principios constitucionales mexicanos de no intervención y solución pacífica de controversias, sino que también plantea un desafío directo a la retórica belicista de Washington, con consecuencias que podrían redefinir la relación bilateral. Recordemos el contexto. Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump ha endurecido su discurso contra el narcotráfico regional. En febrero de ese año, designó a los cárteles mexicanos y al Tren de Aragua como «organizaciones terroristas», un paso que allanó el camino para acciones más agresivas. 

Para diciembre, tras una operación militar en Venezuela que incluyó bombardeos y la detención de Maduro, Trump afirmó que «algo habrá que hacer con México» y no descartó extender tales operaciones al sur de la frontera. 

En declaraciones posteriores, amenazó directamente a México, Colombia y Cuba, calificando la captura venezolana como una «muestra espectacular» del poderío estadounidense. 

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«Muchos cubanos fueron asesinados ayer», agregó en un vuelo del Air Force One, refiriéndose a bajas colaterales en la ofensiva. 

Estas palabras no son mera retórica; en septiembre de 2025, el Ejército de EE.UU. destruyó lanchas en el Caribe y el Pacífico, matando a decenas de presuntos «narcoterroristas» cerca de Venezuela y Colombia. 

Sheinbaum, fiel a la Doctrina Estrada —ese pilar de la diplomacia mexicana que prioriza la no injerencia—, ha rechazado tajantemente cualquier intervención. En una conferencia matutina en noviembre de 2025, declaró: «Nosotros no aceptamos una intervención de ningún Gobierno extranjero». 

Insistió en que México opera en su propio territorio y que la colaboración con EE.UU. debe basarse en «responsabilidad compartida»: mientras México combate la inseguridad interna y frena el flujo de drogas hacia el norte, Washington debe detener el tráfico de armas hacia el sur y desmantelar redes criminales en su suelo. 

«Colaboración, coordinación, pero no subordinación», resumió en Tlaxcala, un mantra que ha repetido ante funcionarios como el secretario de Estado Marco Rubio, quien visitó México y reconoció que no habrá acciones unilaterales sin solicitud mexicana.
Esta firmeza no es ingenua; responde a una historia de intervenciones estadounidenses en América Latina que han dejado cicatrices profundas, desde la invasión de Panamá en 1989 hasta operaciones encubiertas en la Guerra Fría. Sheinbaum, con su background científico y su herencia política de izquierda, sabe que ceder soberanía equivaldría a una capitulación ante presiones conservadoras en EE.UU., donde sectores piden respuestas «agresivas» contra los cárteles. 

Rechaza, además, la visión «muy poco patriota» de quienes en México o abroad claman por tropas extranjeras, viéndolo como intervencionismo puro. 

¿Cuáles son las posibles consecuencias de este pulso? En el corto plazo, podría generar tensiones diplomáticas, con Trump conocido por su imprevisibilidad optando por medidas unilaterales como aranceles o restricciones migratorias para presionar a México. 

El Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC) podría verse afectado, exacerbando disputas comerciales en un momento en que la economía mexicana depende en gran medida de las exportaciones al norte. En materia de seguridad, una ruptura en la cooperación podría debilitar el intercambio de inteligencia, beneficiando paradójicamente a los cárteles que operan transfronterizamente. A largo plazo, sin embargo, la postura de Sheinbaum podría fortalecer la posición de México en la región. Al condenar la intervención en Venezuela y alinearse con principios de la ONU, México se posiciona como defensor de la multilateralidad en un hemisferio polarizado. 

Si Trump persiste en amenazas como extender operaciones militares, tal como lo sugirió en diciembre de 2025, podría alienar a aliados latinoamericanos y provocar un backlash internacional, similar al que enfrentó en su primer mandato. 

Expertos como exagentes de la DEA han notado que Sheinbaum «sabe manejar la relación con EE.UU.» y cuenta con el «respeto» de Trump, lo que sugiere espacio para negociación. 

En última instancia, este episodio subraya una verdad incómoda: el narcotráfico es un problema binacional, no un pretexto para el imperialismo. Sheinbaum no minimiza los riesgos,  «no veo riesgos», dijo recientemente al restar importancia a las declaraciones de Trump, pero apuesta por la diplomacia sobre la fuerza. 

México, bajo su liderazgo, no será un peón en el tablero de Washington. La pregunta es: ¿estará Trump dispuesto a colaborar, o escalará hacia un conflicto que ninguno de los dos países necesita? El futuro de la relación México-EE.UU. pende de un hilo, pero la soberanía, al menos por ahora, permanece intacta.

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