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El modelo Simón Pérez se ha cobrado su primer muerto en directo: un streamer español fallece tras meterse seis gramos de cocaína

Los retos virales de consumo de sustancias en directo se han cobrado su primera víctima: se trata del primer fallecimiento documentado en España durante una retransmisión en directo. Lo macabro y significativo del asunto es que el streamer fallecido sale del círculo de Simón Pérez, de quien era una especie de «protegido», y cuya caída en el pozo del consumo indiscriminado está siendo documentada con escalofriante detalle.

Muerte en directo. La madrugada del 31 de diciembre de 2025, perdió la vida Sergio Jiménez Ramos, streamer barcelonés de 37 años que actuaba bajo el alias «Sancho» o «Sssanchopanza». Consumió seis gramos de cocaína y una botella de whisky en menos de tres horas, mientras un grupo de espectadores de pago observaba la escena. Cuando su hermano entró en la habitación y encontró el cuerpo sin vida, al otro lado de la pantalla varios usuarios permanecían conectados a la videollamada privada. 

El fenómeno Simón Pérez. Cuando en 2017, Simón Pérez se convirtió en fenómeno viral tras protagonizar junto a Silvia Charro un vídeo promocionando hipotecas a tipo fijo mientras evidentemente estaban bajo los efectos de sustancias estupefacientes, era imposible prever en qué se convertirían sus vidas. Sobreexposición en redes y, en busca de monetización extrema, un modelo de negocio basado en donaciones a cambio de desafíos cada vez más peligrosos: arrojar electrodomésticos por el balcón, ingerir su propia orina y, cómo no, consumo de sustancias.

Los Diplomáticos. La escalada de contenido acabó provocando su expulsión de plataformas como Kick, Dlive y Pump.fun por infracciones relacionadas con drogas y promoción de casinos ilegales. El último paso en busca de un rincón de internet fuera de todo control es Los Diplomáticos, un grupo privado accesible mediante membresías entre 40 y 120 euros. En estas videollamadas cerradas por Google Meet, Pérez realiza actos degradantes que incluyen masturbaciones colectivas o untarse con excrementos. Sergio Jiménez entró en esta órbita en octubre de 2025, pese a encontrarse bajo seguimiento psiquiátrico, según confirma El País a través de fuentes cercanas al fallecido.

La punta del iceberg. Lo que ocurre en las videollamadas privadas es solo el principio. Alrededor de estas retransmisiones cerradas ha florecido toda una infraestructura clandestina. Según El País, grupos de Telegram como «AviatorVip IV», con más de tres mil miembros, funcionan como nodos de encuentro donde los espectadores no solo comentan lo que ven, sino que organizan activamente los retos, a veces incluso contactando con los proveedores de sustancias. Los contenidos de estos grupos supuestamente privados se difunden en canales de Youtube dedicados al fenómeno, lo que asegura la llegada continua de nuevos curiosos.

El caso Graven. La muerte de Sergio Jiménez es la primera en España, pero no en Europa. Apenas unos meses antes, en agosto de 2025, el streamer francés Raphaël Graven, conocido como Pormanove, falleció después de soportar doce jornadas consecutivas de vejaciones y agresiones físicas transmitidas en directo. Dos hombres le sometieron a un espectáculo de degradación continuada mientras su público observaba sin intervenir. También retransmitía en Kick, la misma plataforma que expulsaría a Simón Pérez y Silvia Charro tras esta muerte.

Ambos fallecimientos comparten un mismo patrón: individuos en situación de vulnerabilidad (económica o psicológica, como en el caso de Jiménez) que aceptan exponerse a riesgos mortales a cambio de dinero inmediato. La diferencia fundamental con formatos televisivos controvertidos radica en la inmediatez: aquí no hay productores, seguros médicos ni controles previos. Solo una transacción directa entre quien paga por ver sufrir y quien necesita el dinero lo suficiente como para arriesgar su vida, con la consiguiente falta de control. Y ambos casos se produjeron después de que las plataformas reguladas cerraran sus canales, refugiándose en espacios digitales sin ningún tipo de supervisión.

Cero responsabilidades. La reacción de Simón Pérez tras conocer la muerte ilustra la complejidad moral que posee este asunto. En un directo en Youtube, afirmó: «Tengo la conciencia tranquila, me podía haber pasado a mí, le ha pasado a él». Aseguró haber advertido a Jiménez sobre los peligros, recomendándole abandonar Telegram… para inmediatamente, promocionar las membresías a sus propios grupos privados. Los Mossos d’Esquadra mantienen abierta la investigación y hay que solventar una serie de cuestiones literalmente inéditas hasta la fecha: ¿hubo incitación o cooperación necesaria por parte de quienes financiaron y solicitaron específicamente el reto? ¿Dónde recae la responsabilidad?

Las videollamadas privadas, por su propia naturaleza, escapan del control de las plataformas y aunque la familia de Jiménez estudia emprender acciones legales, la dispersión de responsabilidades hace muy difícil señalar a un culpable claro.

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