MAESTRÍA PARA LA PAZ: UN POSGRADO QUE SOLO FUNCIONA EN EL DISCURSO

Mientras la violencia escolar persiste en el Estado de México, el gobierno apuesta por una maestría cuya utilidad práctica es, hasta ahora, más teórica que real.
FIRR
Toluca, Estado de México.— En medio de una crisis cotidiana de violencia, acoso, discriminación y conflictos no resueltos en planteles educativos del Estado de México, el Gobierno mexiquense anunció con bombo y platillo la llamada Maestría en Interculturalidad para la Paz y los Conflictos Escolares, un posgrado que, en el papel, promete formar “mediadores de paz”, pero que en la práctica poco o nada ha demostrado para transformar la realidad en las aulas.
El programa, impulsado por la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación (SECTI) y la Universidad Intercultural del Estado de México, se presenta como una solución estructural a los conflictos escolares. Sin embargo, a casi seis años de haber iniciado en 2020 no existen indicadores públicos, evaluaciones independientes ni resultados medibles que acrediten una reducción real de la violencia escolar en los municipios donde se imparte.
UNA RESPUESTA ACADÉMICA A UN PROBLEMA OPERATIVO, la violencia en las escuelas mexiquenses no es un fenómeno teórico: se manifiesta en agresiones físicas, bullying, abuso sexual, consumo de drogas, extorsión y descomposición del entorno comunitario. Frente a ello, la creación de una maestría parece más una respuesta académica para el escritorio que una política pública con impacto directo.
Mientras los planteles carecen de psicólogos suficientes, trabajadores sociales, protocolos eficaces y acompañamiento permanente, el gobierno opta por formar especialistas que difícilmente encontrarán espacios reales para aplicar sus conocimientos, más allá de la docencia o la investigación.
SIN INSERCIÓN LABORAL NI INCIDENCIA REAL, el propio discurso oficial reconoce que los egresados “podrán” fungir como mediadores o diseñar programas de convivencia. El verbo es clave: podrán, no lo hacen ni ya lo están haciendo. No existe claridad sobre si estos profesionistas serán incorporados al sistema educativo, contratados por el Estado o simplemente engrosarán la lista de posgraduados sin campo laboral específico.
Las escuelas normales de Ecatepec, Nezahualcóyotl y Tlatlaya municipios con graves problemáticas sociales siguen enfrentando los mismos conflictos estructurales que hace años, lo que deja en evidencia que la maestría no ha permeado en la realidad diaria de los centros educativos.
El comunicado oficial recurre a testimonios de estudiantes que expresan deseos, motivaciones y aspiraciones personales. Sin embargo, el entusiasmo individual no sustituye una estrategia estatal integral ni garantiza que los conocimientos adquiridos se traduzcan en paz escolar.
Hablar de “recuperar la dignidad de las víctimas” sin fortalecer instancias de atención, sanción y prevención resulta, cuando menos, una narrativa bien intencionada pero desconectada del terreno.
MÁS SIMULACIÓN QUE SOLUCIÓN,la maestría en Interculturalidad para la Paz parece responder más a la lógica de la simulación institucional crear programas para presumirlos que a una política educativa de fondo. En un estado donde la violencia escolar sigue normalizada, apostar por un posgrado sin impacto comprobable es postergar la solución real del problema.
La paz en las escuelas no se construye sólo con teorías, planes de estudio y discursos oficiales. Se construye con presencia institucional, recursos, voluntad política y acciones concretas. Todo lo demás, incluida esta maestría, corre el riesgo de quedarse únicamente en la imaginación.












