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El arroz español está descubriendo que hay algo peor que las sequías y plagas: el arroz de Myanmar y Camboya

Corren tiempos complicados para el arroz español. No tanto por los cultivos como por el contexto en el que se ven obligados a competir los agricultores. Tras varias campañas marcadas por una climatología adversa, el sector ha logrado aumentar la superficie cosechada y sus estimaciones para la campaña 2025/2026 apuntan a un claro incremento con respecto a la anterior. Ambos indicadores son positivos, pero no han evitado que el sector esté inquieto por otra razón: la caída de los precios y la presión de las importaciones.

Hay quien habla de una situación «extrema».

Remontando de la sequía. Los últimos años no han sido fáciles para los arroceros españoles. Entre otras cuestiones se han visto obligados a lidiar con una sequía que ha condicionado la superficie cultivada y (lo que es lo mismo) la producción. Según la encuesta Esyrce, elaborada por el Ministerio de Agricultura (MAPA), en lo que llevamos de siglo la superficie media dedicada al arroz nunca había bajado de 100.000 hectáreas (en 2011 se llegó incluso a 122.300). Eso cambió en las últimas campañas por la grave escasez de agua.

Esta temporada las cosas son algo distintas. En junio el MAPA estimaba que la superficie cultivada alcanzará las 97.000 hectáreas, 15.400 más que las calculadas en primavera y un 12,9% más que el año pasado. Y no es el único indicador positivo. Cooperativas Agro-Alimentarias ya habla de que la cosecha nacional de arroz de la campaña 2025/26 alcanzará las 761.515 toneladas. 

En la práctica supone mejorar la producción un 27,43% con respecto a la campaña 2024/25. Son datos alejados aún de los que manejaba el sector hace unos años (en 2011 se pasó de 900.000 t), pero esperanzadores.

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¿Fantástico, no? Más o menos. Aunque esas cifras se prestan a una lectura optimista, en el sector impera otra sensación: la cautela. Ayer mismo, en el comunicado en el que informaba del aumento de la cosecha nacional de arroz, Cooperativas Agro-Alimentarias reconocía afrontar un «futuro incierto» para los cultivos nacionales. Y no es el primer mensaje que lanza con ese tono. 

Hace solo unas semanas, durante una entrevista con la agencia Efe, el colectivo ya deslizaba que está atravesando una situación «sumamente extrema» marcada por unos precios que en muchos casos no cubren los costes de producción.

¿Qué les preocupa? A los agricultores les inquieta el impacto de la DANA de 2024 en La Albufera, cómo ha castigado el granizo los cultivos del Delta del Ebro o la influencia de las lluvias y las olas de calor del verano. También «la falta cada vez más acusada» de herramientas para plantarle cara a las plagas, unas «restricciones fitosanitarias» que condenan al sector a una «desventaja competitiva». Si algo inquieta en el sector son sin embargo los precios y las importaciones de grano.

Pendientes de los precios. El mensaje lo transmitía con claridad hace unas semanas Félix Liviano, presidente del sector del arroz de Cooperativas Agro-Alimentarias: «En Extremadura es probable que no seamos capaces de comercializar el 20% del arroz largo (variedad índica) producido porque hay tanto grano de importación que está muy barato en los mercados». Por entonces la variedad índica cáscara se cotizaba a 310 euros la tonelada, lejos de los 453 de 2024 o los 555 de 2023. Los datos actualizados de MAPA muestra que tanto la índica como japónica siguen bastante por debajo de los niveles de los últimos años.

Sin Tituloe

«No podemos competir con ellos». Hay otro punto, muy relacionado con la deriva de los precios, en el que centra el foco el sector: la importación de mercancías. Lo contaba hace poco EFE. Desde hace tiempo los agricultores españoles reclaman que se frene la entrada de arroz procedente de otros países. 

Sobre todo apuntan a Camboya y Myanmar, naciones beneficiadas por una iniciativa comunitaria (EBA, Everyting But Arms) que dejó las importaciones de cereal sin aranceles en 2009. La situación ha sufrido cambios desde entonces (entre 2018 y 2021 se introdujeron cláusulas de que gravaron la importación), pero aun así el sector español advierte que soporta una presión excesiva.

«Las importaciones están hundiendo los precios del sector desde que desapareció hace varios años la cláusula de salvaguardia. No podemos competir con ellos, porque en la UE tenemos prohibidas muchas materias activas fitosanitarias, más costes de mano de obra y producimos con exigencias de sostenibilidad», explica Ignacio Huertas, de UPA. De ahí que solicite «reciprocidad» en los acuerdos comerciales de Bruselas con terceros países o el sector recalque la importancia de dotarse de «clausulas de salvaguardia automática» frente a las importaciones.

¿Tanto arroz llega? La UE reconoce que no es autosuficiente en el cultivo de arroz y necesita importar toneladas de arroz todos los años, sobre todo de la variedad índica. Sus principales orígenes son Camboya, India y Tailandia, aunque la foto cambia ligeramente si hablamos del mercado español.

«El sector europeo se encuentra en una encrucijada crítica ante las negociaciones en curso sobre el SPG. El actual marco, combinado con acuerdos comerciales preferenciales, acuerdos bilaterales y contingentes arancelarios permite la entrada anual en la UE de alrededor de 635.690 toneladas de arroz blanqueado sin aranceles, además de cantidades significativas de arroz descascarillado, especialmente variedades basmati de India y Pakistán», recuerda Cooperativas, que advierte: «Sin medidas correctoras mínimas, podría verse comprometido el futuro del sector».

Imágenes | Darío Méndez (Unsplash), Shayan Ghiasvand (Unsplash), MAPA y European Commission

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