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Creíamos que fumar ya no estaba de moda entre la Gen Z. Hasta que llegaron Sabrina Carpenter y Jeremy Allen White

Durante décadas, el cigarrillo protagonizó algunas de las imágenes más icónicas de la cultura popular. En el imaginario del periodismo, siempre reaparece ese reportero del siglo pasado inclinado sobre su máquina de escribir, rodeado de volutas de humo mientras escribe una crónica urgente. En la ficción televisiva, esa escena evolucionó hacia Carrie Bradshaw tecleando en su Mac con una colilla a medio consumir en su apartamento neoyorquino. Y en el cine, el cigarrillo fue casi un código visual: desde la seducción en penumbra de Humphrey Bogart hasta el aura melancólica que envolvía a tantos personajes clásicos. El humo, más que un accesorio, funcionaba como un símbolo de carisma, misterio o vulnerabilidad.

Todo eso pareció extinguirse con el avance de las leyes antitabaco. Las terrazas se limpiaron de humo, Hollywood moderó su uso y la cultura audiovisual dejó de asociar el cigarro con glamour. El gesto quedó relegado a un pasado rancio, vinculado al olor cargado de los bares antes de la prohibición. Pero algo inesperado ha ocurrido: el cigarro ha vuelto. Y lo ha hecho de la mano del único sector capaz de resucitar lo que parecía olvidado: las celebridades. 

El retorno visible del cigarro a la cultura pop. La señal de alerta llegó desde la meca del cine. Según informe de la organización antitabaco Truth Initiative, la mitad de las películas que debutaron el año pasado incluían cigarrillos, puros o tabaco. Además, detectó un incremento del 110% en representaciones de tabaco en programas dirigidos a jóvenes de 15 a 24 años, y una cuadruplicación en las series más vistas. Las cifras confirman lo evidente: el cigarrillo ha recuperado protagonismo.

Y, por poner un par de ejemplos, se está observando en la música: Sabrina Carpenter aparece en el videoclip de Manchild fumando y posó para unas fotografías luciendo un corsé confeccionado con paquetes de Marlboro Gold. En el cine, películas como Saltburn, Materialists u Oppenheimer han devuelto el tabaco a un lugar casi omnipresente. La moda tampoco ha sido ajena, durante la New York Fashion Week, modelos fumaron en pasarela como un accesorio más. Y aún hay algo más, no podía olvidarme de las redes sociales. La cuenta de Instagram @cigfluencers, creada en 2021, publica imágenes de celebridades fumando y acumula más de 80.000 seguidores.

¿El cigarro como símbolo? Lo más curioso de este fenómeno es que no está regresando el consumo masivo de tabaco, sino su estética. Ese matiz es fundamental para entender lo que ocurre. El punto es que el cigarro vuelve como parte del revival Y2K y de la estética indie sleaze y heroin chic, esa mezcla de grunge, glamour decadente y rebeldía suave que dominó los años 2000 y que hoy inspira a la moda, a la música y a las redes sociales. En ese marco, el cigarro funciona como accesorio retro, gesto vintage que provoca más desde lo visual que desde lo adictivo.

Esa dimensión estética también opera como herramienta narrativa. En reportaje para The New York Times señalan que el cigarrillo resurge como recurso simbólico en pantalla: Dakota Johnson fuma en Materialists para subrayar el vacío emocional de su personaje; Jeremy Allen White, en The Bear, utiliza el humo para intensificar su melancolía; Sabrina Carpenter sostiene una boquilla improvisada con un tono irónico. Según el medio, el cigarrillo no estorba en el plano: lo llena de aura, dramatismo y textura.

Y la pregunta fundamental, ¿tiene atracción para los jóvenes? Hay un componente de rebeldía mínima. Según la BBC, fumar funciona como un gesto de transgresión ligera dentro de una generación acostumbrada al autocuidado, la vigilancia permanente y las normas implícitas de bienestar. La estética brat popularizada por Charli XCX combina hedonismo, ironía y un punto de nihilismo: un territorio perfecto para que el cigarro recupere su rol provocador, más sugerente que peligroso.

De ahí, la gran paradoja al observar el comportamiento real de la Generación Z. Mientras ven a las celebridades fumar en pantalla, los jóvenes consumen cada vez menos sustancias. Ya hemos explicado en Xataka cómo están triunfando las coffee raves —fiestas diurnas sin alcohol, donde se baila con un capuchino en la mano—, y Tinder registra un auge del dry dating, con uno de cada cuatro jóvenes prefiriendo citas sin alcohol. En otras palabras, la estética cool ya no tiene nada que ver con el hábito real.

¿Debemos preocuparnos? El problema aparece cuando se cruzan las tendencias culturales con los datos sanitarios. La OMS recuerda que el tabaco mata a más de siete millones de personas al año y que no existe un nivel seguro de exposición. EPData confirma que su consumo mundial ha caído del 32,7% en 2000 al 22,3% en 2020, pero instituciones como los CDC —citados por Wall Street Journal— advierten que la exposición repetida a imágenes de tabaco aumenta las probabilidades de que los jóvenes comiencen a fumar.

De hecho, la BBC recogía testimonios de médicos estadounidenses que ya observan casos de jóvenes que, tras normalizar el vapeo, han pasado al cigarrillo porque «da más credibilidad» o es «más estético». La exposición constante al llamado «humo digital», que señala la Asociación Española Contra el Cáncer, puede normalizar un hábito que parecía en vías de desaparición.

No obstante, un estudio realizado por Action on Smoking and Health (ASH) demostró que los perfiles de Tinder de fumadores reciben entre un 29% y un 52,7% menos de matches. Los jóvenes no quieren salir con alguien que fuma, pero sí consumir —a distancia— la estética del cigarro en las pantallas. La contradicción es clara: en el videoclip suma glamour; en la vida real, resta interés romántico.

¿Moda pasajera o giro cultural? Quizá el cigarrillo no haya regresado del todo: quizá haya vuelto su fantasma, su iconografía, su gesto. Vuelve la estética, no la adicción. El humo, no el hábito. Pero mientras las celebridades lo sostienen como si fuera una joya más en la foto, los organismos sanitarios recuerdan que el tabaco sigue matando a la mitad de quienes no lo dejan. Y aunque en la pantalla sea pura estética, en la vida real sigue siendo un riesgo tangible.

El cigarrillo, ese viejo protagonista del cine clásico, vive hoy su contradicción más profunda: prohibido en las terrazas, glamouroso en la gran pantalla. Extinguido en las estadísticas, encendido en el imaginario. Un icono que vuelve, no porque se fume, sino porque aún —en pleno 2025— fotografía demasiado bien.

Imagen | PxHere y Ralph_PH 

Xataka | Los hosteleros se las prometían felices con el enorme negocio de las terrazas. Hasta que llegó la nueva ley antitabaco

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