Opinión

 EL HUSMEADOR

La herencia incómoda del Mundial 2026: Cuando Sheinbaum señala al pasado de Peña Nieto

En la conferencia mañanera de este 10 de noviembre de 2025, desde el Complejo Cultural Los Pinos, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo no solo presentó con entusiasmo la Copa Mundial FIFA 2026 y sus fiestas asociadas, sino que dejó caer una verdad incómoda que resuena en los pasillos de Palacio Nacional: las exenciones fiscales millonarias para la FIFA y sus aliados no son capricho de su gobierno, sino una herencia directa del sexenio de Enrique Peña Nieto (2012-2018). 

Sheinbaum fue clara al recordar que los compromisos fiscales se firmaron en 2015, cuando México pujó por ser sede del torneo. Aquella «Garantía Gubernamental» prometía facilidades tributarias amplias: exenciones en impuestos federales y locales para la FIFA, sus subsidiarias, proveedores y contratistas. Un cheque en blanco que, según la mandataria, su administración ha tenido que acotar con inteligencia para no regalar el erario público. 

Y ahí está el meollo: la nueva Ley de Ingresos para 2026 incluye una «norma habilitante» que limita estas exenciones sólo a quienes participen directamente en la organización del Mundial. Se marca con precisión quirúrgica las “garantías acordadas para el cumplimiento de ciertas obligaciones formales de pago, traslado, retención, recaudación, conforme las disposiciones fiscales vigentes sólo en 2026”. Palabras técnicas que traducen a una realidad simple: el gobierno de Sheinbaum respeta lo firmado por Peña Nieto, pero lo encierra en una jaula para que no se desborde.  No es la primera vez que la Cuarta Transformación echa mano del pasado priista para justificar decisiones presentes. Recordemos las deudas de Pemex, esa «maldita deuda corrupta» de Calderón y Peña que Sheinbaum ha mencionado en mañaneras anteriores como excusa para apoyos millonarios a la petrolera. Hoy, con el Mundial, repite el guión: la responsabilidad es de la administración anterior, pero nosotros la administramos con responsabilidad. 

Críticos dirán que es oportunismo político: culpar al muerto (o al exiliado) mientras se disfruta el evento. Defensores aplaudirán la prudencia fiscal en tiempos de austeridad republicana. Lo cierto es que México será sede inaugural del Mundial 2026, con partidos en el Azteca, Guadalajara y Monterrey, y el país entero se vestirá de fiesta. Pero detrás de los goles y las vuvuzelas late una lección: los contratos del pasado atan las manos del presente, y solo una norma habilitante puede soltarlos un poco. Sheinbaum lo dijo sin rodeos: «Las condiciones o los requisitos para la realización del Mundial en México lo firmaron en la época de Peña Nieto». Punto. 

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En política, como en el fútbol, a veces el balón rebota en el pasado y termina en la portería del presente. 

Que sea gol de media cancha o autogol, lo dirá la historia. Por lo pronto, ¡que viva el fútbol… y que paguen sus impuestos los que corresponda! 

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