POR: El HUSMEADOR

¿México, el Próximo Acto del Drama Venezolano? La 4T Baila al Ritmo de Maduro Mientras el Narco Aplaude
En las páginas del New York Times del pasado domingo, el mundo volvió a mirar a México con esa mezcla de piedad y advertencia que ya nos resulta familiar: «¿Será México el próximo Venezuela?». No es la primera vez que el rotativo neoyorquino nos pinta como un país al borde del abismo, pero esta vez el lienzo es más crudo. Bajo el título «Trump Is Blowing Up Boats Off Venezuela. Could Mexico’s Cartels Be Next?», el artículo de los corresponsales Samuel Granados, Genevieve Glatsky y Annie Correal dibuja un escenario escalofriante: buques gringos hundiendo lanchas narco venezolanas en el Caribe, mientras en México, la impunidad reina suprema y los cárteles se ríen en la cara de Claudia Sheinbaum. ¿Coincidencia? O, peor: ¿preludio de una intervención yanqui que la 4T, con su soberanía de cartón, no podrá detener? El texto del NYT no es solo periodismo sensacionalista; es un diagnóstico quirúrgico de nuestra podredumbre institucional. Mientras Donald Trump, de vuelta en la Casa Blanca, ordena a la Marina estadounidense volar en pedazos al menos tres embarcaciones cargadas de cocaína venezolana –matando a 21 presuntos traficantes en el proceso–, México aparece como el elefante en la habitación: el verdadero epicentro del fentanilo que inunda las calles de Estados Unidos, matando a decenas de miles al año. Pero, ¡oh sorpresa!, los cinco operativos de cárteles entrevistados por el Times –hablando en el anonimato por miedo a represalias– descartan cualquier temor a un «Sinaloa II» de los gringos. ¿Por qué? Porque confían en que Sheinbaum, heredera fiel de la «mañanera» de López Obrador, no moverá un dedo. «Nunca pasará», sentencia uno de ellos desde Culiacán, bastión del Chapo. Su preocupación real: no los misiles estadounidenses, sino las balaceras internas entre facciones rivales que dejan ríos de sangre en Sinaloa y Michoacán. Esta despreocupación narco no es casualidad; es el fruto envenenado de seis años de 4T, donde el «abrazos, no balazos» se ha convertido en «abrazos selectivos» a los capos que financian campañas y controlan territorios. Recuerden el indulto a Salvador Cienfuegos en 2020, liberado de las garras de la DEA por orden de AMLO, o las «conferencias de paz» que terminan en matanzas. Hoy, bajo Sheinbaum, la violencia se ha cobrado más de 180 mil vidas desde 2018, y ocho de las ciudades más peligrosas del planeta son mexicanas, según Bloomberg. El Times lo clava: México no es Venezuela en su fase chavista inicial, con Chávez nacionalizando todo y fingiendo socialismo; es peor, un Frankenstein híbrido donde el populismo autoritario se alía con el crimen organizado para desmantelar lo poco que queda de democracia. Y mientras tanto, ¿qué hace la 4T? Mirar al sur, a su hermano de armas Nicolás Maduro, con envidia y solidaridad y enviando a Cuba petróleo gratis. En septiembre, cuando Trump envió acorazados al Caribe para presionar al régimen de Caracas –un movimiento que el NYT describe como «escalada contra narcotraficantes o directamente contra el gobierno»–, Sheinbaum optó por el silencio diplomático, rompiendo con la tradición de confrontar a Washington. En cambio, López Obrador, aún influyente desde Palacio, tuiteó alabanzas a la «resistencia antiimperialista» de Venezuela, ignorando que el 90% del fentanilo que cruza la frontera –causante de 70 mil muertes anuales en EE.UU.– se cocina en laboratorios clandestinos de Guerrero y Sonora, con precursores chinos. El artículo del Times es tajante: Venezuela apenas toca el fentanilo; es México el que lo produce y lo exporta, pero con una complicidad gubernamental que hace palidecer las corruptelas de Maduro. La ironía es brutal. Mientras el Nobel de la Paz se lo lleva María Corina Machado –la disidente venezolana que, desde la clandestinidad, denuncia el «terror» de Maduro y dedica su premio a Trump por su «apoyo decisivo»–, en México las protestas contra la reforma electoral de la 4T palidecen ante el miedo. ¿Cuántos recordamos las marchas masivas de 2022 contra el desmantelamiento del INE? Hoy, con Sheinbaum al mando, el Tribunal Electoral se somete al Ejecutivo, y la oposición –de Xóchitl Gálvez a Marko Cortés– es tildada de «conservadora» o «traidora». Es el mismo libreto chavista: control del poder judicial, asfixia a la prensa independiente y un discurso que pinta a EE.UU. como el villano eterno. Pero, como advierte el Times en su análisis de septiembre, «Trump, que juró no más guerras extranjeras, ahora manda barcos a Venezuela». ¿Y México? Si los cárteles se sienten intocables, es porque saben que la 4T les da carta blanca. No nos engañemos: este no es un «temor infundado». Expertos citados por el NYT, desde la ONU hasta la DEA, coinciden en que la estrategia de Trump contra Venezuela –hundir barcos, cortar diplomacia y presionar por un cambio de régimen– podría extenderse al norte si Sheinbaum no actúa. Ya hay rumores en Washington de «opciones militares» contra laboratorios mexicanos, y el T-MEC pende de un hilo. Mientras, en las calles de Caracas, la gente vive con el zumbido de drones y el miedo a invasiones; en México, lo hacemos con el estruendo de metralletas y el hedor de la corrupción. ¿Cuánto tardará en llegar el acorazado gringo a Veracruz o Manzanillo? La 4T nos vendió soberanía, pero nos entrega vasallaje al narco, a la corrupción des de lo más alto de la política y sumisión ideológica. Es hora de despertar: si no se frena este desliz hacia el abismo venezolano –con sus colas por comida, apagones eternos y exilios masivos–, el próximo titular del Times no será una pregunta, sino una crónica fúnebre. México merece más que abrazos a criminales y reverencias a dictadores. Merece un gobierno que luche por su gente, no por la impunidad a la corrupción.
¿O seguiremos fingiendo que el barco no se hunde, hasta que los misiles lo hagan por nosotros?







