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Opinión

EL HUSMEADOR

“Puñetazos en el Senado: ¿Se desmorona la política mexicana en un ring de traiciones?”

  • A la presidenta Sheinbaum: Exija sanciones ejemplares para ambos senadores y lidere un esfuerzo por restaurar el decoro en el Senado. Su silencio no puede ser cómplice de esta vergüenza nacional.
  • A Noroña y Moreno: Asuman su responsabilidad, ofrezcan disculpas públicas y enfrenten las consecuencias legales. La política no es un cuadrilátero para sus egos.
  • A la ciudadanía: No normalicemos la violencia legislativa. Exijamos un Congreso que debate con ideas, no con puños, y castiguemos con el voto a quienes nos avergüenzan

El pasado miércoles, 27 de agosto de 2025, el Senado de la República se convirtió en un espectáculo de golpes y empujones que avergonzó a México. Los protagonistas, Gerardo Fernández Noroña (Morena), presidente de la Mesa Directiva, y Alejandro “Alito” Moreno (PRI), líder opositor, protagonizaron un altercado físico tras un debate incendiario sobre supuestos llamados de la oposición para una intervención militar de Estados Unidos contra el narcotráfico. Este incidente, captado en vivo por el Canal del Congreso, no solo expuso la polarización política, sino que desató una tormenta en redes sociales y puso en jaque la credibilidad del legislativo mexicano.

Los hechos y antecedentes: El enfrentamiento ocurrió al cierre de una sesión de la Comisión Permanente, cuando Moreno, furioso por no haber recibido la palabra, encaró a Noroña. Según testigos, Moreno empujó y dio un manotazo a Noroña, quien respondió con un puñetazo. Un supuesto asesor de Noroña, Emiliano González, terminó en el suelo tras intentar mediar.

El trasfondo es una guerra de acusaciones: Morena señaló a la oposición, especialmente al PRI y al PAN, de “traición a la patria” por supuestamente pedir intervención estadounidense, basándose en una entrevista de la senadora Lilly Téllez (PAN) en Fox News, donde denunció la infiltración de cárteles en el gobierno. Moreno, por su parte, había acusado previamente a Noroña y al oficialismo de nexos con el narco venezolano, citando al presidente Nicolás Maduro. Noroña, un político de izquierda conocido por su estilo confrontacional, ha sido criticado por su lujosa casa de 640,000 dólares, contradiciendo el discurso de austeridad de Morena. Moreno, líder del PRI, enfrenta un posible desafuero por presunta corrupción durante su gestión como gobernador de Campeche (2015-2019). Ambos son figuras polarizantes, cuya rivalidad personal y política alimentó este choque.

Reacción de la presidenta y ruido en redes: La presidenta Claudia Sheinbaum optó por una postura mesurada. En su conferencia mañanera, evitó alimentar el escándalo, pero señaló que “las disputas en México se resuelven en México”, en clara referencia a las acusaciones contra Téllez por su entrevista en Fox News. Su respuesta buscó desmarcarse de la violencia legislativa, pero no condenó directamente a los involucrados, lo que algunos interpretaron como tibieza ante un episodio que daña la imagen de su gobierno. En redes sociales, el incidente fue un incendio. Videos del altercado se viralizaron, con hashtags como #SenadoEnCaos y #NoroñaVsAlito acumulando millones de vistas. Usuarios de X se dividieron: algunos apoyaron a Noroña, viéndolo como víctima de una oposición “desesperada”, mientras otros lo acusaron de provocar con su actitud “intolerante”. Moreno, por su parte, fue criticado por su agresividad, pero también defendido por quienes consideran que Morena abusa de su mayoría para silenciar voces. El ruido fue masivo, con memes, análisis y burlas que ridiculizaron al Senado como un “ring de boxeo”.

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¿Quién gana y quién pierde?

Gana Morena (a medias): El oficialismo capitaliza el incidente para reforzar su narrativa de una oposición “traidora” y desestabilizadora. Noroña, al presentarse como víctima, fortaleció su imagen entre los simpatizantes de la 4T, aunque su credibilidad queda dañada por las críticas a su estilo provocador y su falta de austeridad.

Pierde el PRI y Moreno: La imagen de Moreno, ya desgastada por acusaciones de corrupción, quedó por los suelos tras ser visto como el agresor principal. El PRI, en su intento de reposicionarse como oposición relevante, se hunde aún más en la percepción pública de un partido violento y desfasado.

Pierde México: Más allá de los personajes, el verdadero perdedor es la democracia mexicana. 

Este espectáculo de violencia en el Senado refuerza la desconfianza ciudadana en las instituciones y daña la imagen del país ante el mundo, en un momento donde la inseguridad y la polarización ya son heridas abiertas. 

La política mexicana merece más que un ring de golpes. Es hora de recuperar la dignidad del Senado o seguiremos hundiéndonos en el caos.

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