En la Mira

Morena Edomex: tensiones internas entre poder territorial y gobernabilidad
Campanita
En política, la unidad suele ser más una construcción estratégica que una condición permanente. En el caso de Morena en el Estado de México, las diferencias que hoy se observan entre el grupo del Senador Higinio Martínez Miranda junto con la Senadora Mariela Gutiérrez Escalante y el bloque encabezado por la Gobernadora Delfina Gómez Álvarez y el Secretario General de Gobierno Horacio Duarte Olivares, reflejan una disputa clásica en los partidos dominantes: quién controla el rumbo político rumbo a la siguiente gran elección.
No se trata, por ahora, de una ruptura formal. Pero tampoco puede calificarse como un simple “malentendido”. Las señales de tensión son constantes y cada vez menos discretas.
Tecámac como laboratorio del conflicto
El municipio de Tecámac se ha convertido en el epicentro visible de estas diferencias. La Alcaldesa Rosa Yolanda Wong Romero, identificada con el grupo cercano al gobierno estatal, mantiene una relación política compleja con la Senadora Mariela Gutiérrez, quien conserva influencia territorial y respaldo del grupo de Higinio Martínez.
Las fricciones han incluido cambios administrativos, disputas por posiciones clave y acusaciones de injerencia política. En un municipio con presupuesto relevante y peso electoral estratégico, el control institucional se traduce en capacidad de movilización y definición de candidaturas.
La necesidad de intervención política desde la dirigencia nacional incluida la presidenta Claudia Sheinbaum, revela que el conflicto no es menor, aunque tampoco ha escalado a un punto de quiebre.
Más que Tecámac: la batalla por 2027
El trasfondo es evidente: la configuración de candidaturas y estructuras rumbo a 2027. En un estado clave para la política nacional, Morena enfrenta el reto de administrar el poder sin fragmentarse.
Higinio Martínez representa una corriente con larga trayectoria territorial y capacidad organizativa, particularmente en el oriente mexiquense. Delfina Gómez, en tanto, encabeza el gobierno estatal y tiene la responsabilidad institucional de garantizar gobernabilidad y cohesión interna. Horacio Duarte funge como operador político central en ese equilibrio.
Las críticas públicas aunque matizadas, las ausencias en actos partidistas y los mensajes cruzados muestran que la disputa no es meramente administrativa, sino estratégica.
¿Riesgo real de fractura?
Desde el discurso oficial se insiste en que son “diferencias de opinión” propias de un movimiento amplio. Esa narrativa busca evitar la percepción de fractura que pudiera impactar la gobernabilidad o el ánimo electoral.
Sin embargo, la historia política mexicana demuestra que los conflictos internos mal gestionados pueden traducirse en costos electorales. Morena es hoy el partido dominante en el Estado de México, pero esa posición también multiplica los incentivos para competir desde dentro.
La pregunta central no es si hay diferencias, eso es evidente, sino si el partido logrará procesarlas institucionalmente. Si prevalece la negociación, Morena podría salir fortalecido al integrar diversas corrientes. Si la disputa escala hacia una competencia abierta y confrontativa, el desgaste podría ser significativo.
Unidad estratégica o competencia anticipada
En última instancia, lo que ocurre en Morena Edomex no es excepcional: es la tensión natural de un partido que pasó de oposición a fuerza gobernante hegemónica. La diferencia radica en la magnitud del poder en juego.
Hoy no hay ruptura declarada, pero sí un conflicto activo que ya forma parte del debate público. El desenlace dependerá menos de las declaraciones y más de la capacidad de sus liderazgos para equilibrar ambiciones personales con proyecto colectivo.
La política mexiquense entra así en una etapa de competencia interna anticipada, donde cada movimiento no sólo impacta en el presente, sino que perfila el mapa rumbo a 2027












