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Laboratorio Electoral

Por: Efrén Ortiz Álvarez

Cultura política y democracia

Un sistema democrático eficaz requiere de una participación considerable y permanente por parte de quienes se encuentran bajo ese régimen; para que esto sea posible se requiere, necesariamente, de una cultura política que satisfaga lo que este compromiso implica. Es decir, los tres conceptos no sólo se relacionan entre sí, sino que incluso son dependientes unos de otros.

Ya en la década de los 60, Almond y Verba planteaban algunas nociones respecto a los factores que intervienen en la construcción de nuestra cultura política: el conocimiento, el afecto y la valoración que tenemos de nuestro sistema político, los objetos políticos y administrativos, así como el rol de uno mismo dentro de todo este mosaico. De este último punto surge una cuestión que resulta trascendental para entender la cultura política como motor impulsor de la democracia: la importancia que le otorgamos a nuestro papel en la conformación de un Estado. Ninguna otra forma de gobierno, hasta ahora descubierta, exige más compromiso de sus ciudadanos que la democracia.

Así pues, la democracia supone una especie de organización social que parte de la libertad, respeto y unidad de los individuos para poder organizarse de forma en que todos participen y aporten sus opiniones para un bien común en un ambiente en donde haya cultura política y conciencia. Por tanto, la cultura política es un elemento esencial para el sano desarrollo de una vida democrática, pues ambas tienen que presentar armonía en los valores que la construyen. Pero no es la democracia la que se tiene que adaptar a lo que nuestra cultura política ofrece; más bien, nuestra cultura política tiene que adecuarse para responder satisfactoriamente a lo que una democracia exige.

Tradicionalmente, hemos relacionado a la democracia exclusivamente con los procesos electorales; sin embargo, la democracia debe entenderse en el sentido que la consagra el propio artículo 3o constitucional, donde se instituye que ésta debe ser entendida “no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”.

Para que dicha meta sea alcanzada, se requiere de una cultura política fundamentada en los valores que promueven dichos objetivos; y esta cultura política consiste en un consenso sobre ciertas reglas del juego o procedimientos constitucionales, así como el surgimiento de ciertas actitudes culturales básicas, como la confianza interpersonal y la predisposición a participar en política.

Apostar por el fomento de una buena cultura política como base del fortalecimiento democrático, es una tarea que con frecuencia se abandona por parte de quienes se encuentran involucrados con el ejercicio del poder. Sin embargo, hoy más que nunca se requiere reforzar esta serie de valores que con frecuencia se busca rescatar en el marco de los procesos electorales. Usted juzgue.

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