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La torta de la barda tiene de todo, pruébala cuando vayas a Tampico

No todo en el norte son tacos de asada, también hay un lugar especial en el corazón de lso tamaulipecos para las tortas, un souvenir gastronómicos que debes conocer cuando visites este estado

Las tortas son parte del universo garnachero mexicano. Todo cabe entre dos panes rebanados, con o sin migajón; tostados o fríos. Desde un tamal, chilaquiles, la clásica del Chavo con queso y jamón (humilde, pero rica y cumplidora), hasta cosas más raras como un Carlos V con plátano o tres bolas de helado napolitano. La torta es la torta. 

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Así como en la Ciudad de México es popular la torta cubana o la de milanesa, en el estado de Tamaulipas, la torta que reina para los fines de semana es la torta de la barda. 

La leyenda de la torta de la barda

Se dice que fue un invento de finales de los años 20 y que derivó de otra torta llamada alijadores la cual se componía de frijoles, sardina, tomate, cebolla y salsa. Si la sardina no era del gusto del cliente, se cambiaba por chorizo o queso. Su nombró así porque los comensales era del gremio de alijadores, en donde ahora es la aduana marítima de Tampico. 

El negocio era de dos hermanos de apellido Bracamontes Contreras, los cuales se dividieron y se volvieron competencia. Lucía René, hija de José María tuvo la idea de darle la vuelta al negocio inventando una receta con mortadela a lo cual le fue sumando más y más ingredientes hasta tener la torta que conocemos hoy. 

Tortas René y su hijo Cepellín 

Nosotros fuimos a las que dicen que emprendieron con esta receta, con doña Lucía René. Era un sábado temprano, las nueve de la mañana. Lo sorprendente es que el negocio ya está lleno a esa hora. Así como va llegando la clientela se acomoda en las mesas o bien, hacen fila para llevar varias tortas de la barda a casa. 

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Ya una vez sentados, la tradición dicta que para acompañar a nuestra torta hay que pedir un Escuis, el refresco local de «sabor» hierro. Aunque suena extraño, en realidad sabe a similar a la coca cola con un toque de vainilla

¿Cómo se preparan y qué llevan?

Lo primerito es rebanar el bolillo. Lo sacan de una caja, lo parten por la mitad, le embarran frijoles machacados, queso blanco, queso amarillo y lo meten a un hornito para que gratine el queso y de paso, que caliente el pan. 

Después, se toma con la mano izquierda, con gracia y cariño mientras la mano derecha de manera rápida y sincronizada va colocando láminas de embutidos: mortadela, jamón, queso de puerco, carne deshebrada, chorizo frito, jitomate, cebolla. lajas de aguacate y más queso espolvoreado (del fresco).

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Al llegar a la mesa, la opción extra siempre será salsa verde, que en realidad es un guisado de chicharrón bien picosito para rematar esta oda de sabor garnachera. 

Cuando no las conoces y solo escuchas los ingredientes, pensarás que es demasiado y que tal vez no te puedas comer una solo. La verdad es otra, después de darle la primera mordida, vas a pensar en pedir una más, su tamaño y cantidad de ingredientes es perfecta. 

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