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La pandemia es la espectacularización de la muerte: Fernando Savater

CIUDAD DE MÉXICO, octubre 30 (EL UNIVERSAL).- El filósofo español Fernando Savater aseguró que la epidemia de la muerte es constante y que la vida es una enfermedad que tiene una tasa de mortalidad, y que puede ser con pandemias o con guerras, pero es algo que ha sido evidente a lo largo de la historia, “todos los seres humanos saben que la muerte es algo de lo que no podemos escapar; puedes prepararte o intentar olvidar, pero no escapas”.
Durante la conversación que Savater sostuvo con la escritora mexicana Rosa Beltrán, invitado por la Feria Internacional del Libro de Oaxaca donde habló de su libro “La peor parte: Memorias de amor”, publicado por Planeta, el filósofo dijo que a veces la muerte se hace espectáculo, como el que estamos viendo y viendo en la actualidad con la pandemia del Covid-19.
“Vemos hospitales llenos de gente, camas llenas de gente, es un espectáculo de cómo se crea un problema social, la muerte en este caso crea un problema social, pero eso es la espectacularización de la muerte, la muerte sigue estando ahí, no nos morimos porque estamos enfermos, nos morimos porque estamos vivos”, señaló la tarde de este jueves.
El autor de “Ética para Amador”, habló de su nuevo libro en el que relata los últimos años con su esposa Sara y habla de su muerte, asegura que lo que le marcó no es solamente la ausencia de Sara, sino “esos nueve meses de verla sufrir sin poder evitarlo, eso es lo que me ha destruido, lo que me ha hecho que yo a pesar de que sigo teniendo el mismo nombre, ya no soy el mismo que fue”.
“Dice que en el libro ha intentado contar esos hechos con realismo y sin truculencia pero sí comprendo que es el momento más duro del libro” cuando se enteró del diagnóstico.
Por eso escribió el libro, porque él se pasaba la vida llorándola e incluso hoy no pasa un día sin que la recuerde y se le vengan las lágrimas, “pero yo soy un escritor no solamente un llorador, yo puedo hacer algo más, no solamente estar lamentando como si fuera cualquier vecino, por eso, es lo que decidí, ¿qué es lo único que yo puedo hacer?, pues escribir un libro y de vez en cuando conmemoro el día de su desaparición y le dedico en el periódico una pequeña reflexión”.
Y asegura que aunque este libro está hecho con un desbordamiento de emoción de su parte, tenía que dominarse para que la escritura sea una escritura buena, “tú tienes problemas pero no tienes que causárselos al lector, el lector no tiene la culpa de que tu estés sufriendo, no se trata de hacer sufrir al que lo lea, al contrario, el que lo lee debe tener cosas para reírse y para estar contento con la vida; yo no quiero escribir un libro para amargar la vida de los demás, la mía se ha vuelto amarga pero los demás no tienen la culpa. He cumplido, siento que he cumplido algo, he amado, pues la deuda está saldada”.
Reconoce que para alguien como él que se ha pasado la vida leyendo la lectura ha servido como distracción, porque para él la lectura ha sido importante y es el placer más constante, “quizás el primer placer que descubrí y el último que voy a dejar de tener, de verdad es una constante en mi vida, entonces sí, siempre he estado leyendo y los libros han sido una especie de jardín privado”.
Cuenta que tras la muerte de Sara, “yo me salía de la realidad y me iba a leer solo con mis flores, con mis personajes. La lectura no es consuelo, distracción sí. No puedo hablar de consolación de la filosofía, para mí no ha habido consolación, pero es verdad que diariamente e incluso hoy en día me refugió en la lectura”.

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